Un ángel para tu soledad

Por: Jimena Vera Psaró*

“- Esta es la caja. El cordero que quieres está adentro.
Pero me sorprendí mucho al ver que se iluminaba el rostro de mi joven juez:
- Es exactamente así que lo quería! ¿Crees que este cordero necesite mucha hierba?
- Por qué?
- Porque en casa es todo pequeño...
- Seguramente le alcanzará. Te di un cordero bien pequeño.
Inclinó la cabeza hacia el dibujo:
- No tan pequeño... Mira! Se durmió...
Y fue así como conocí al Principito”. 
                                  El Principito. Capítulo II. Antoine de Saint Exupery



Conocí a ese niño en un contexto de encierro, haciendo un taller de arte.
Antes de comenzar a visitarlo hubo entrevistas con médicos, trabajadores sociales, psicólogos, empleados judiciales, acompañantes terapéuticos y leí lo que tenía a mi alcance sobre un supuesto diagnóstico de esquizofrenia.
Habían hablado horrores de él en la radio, habían cambiado la disposición de las medidas de seguridad de su habitación y hasta había tenido un uniformado vigilando su puerta.

Pero desde el primer contacto vi a un niño.
Un niño que tal vez no necesitaba excesiva medicación y estar atado a la cama.
Que no necesitaba que lo devuelvan en una ambulancia con su medicación en la mano y una bolsa de juguetes en la otra.
Un niño al que no había que cerrarle las puertas, ni dejarlo solo.
Un niño con una conducta que no distaba mucho de cualquier berrinche de mi hija.
Un niño que esperaba ansioso la hora de salir a jugar.
Un niño que daba abrazos y sonreía.
Un niño con demanda de amor y de tiempo para disfrutar.



Pasamos tardes con libros de cuento, lápices de colores, aviones de papel y hasta hizo cantando un cordero con arcilla para modelar e hisopos de algodón.

Un cordero que habitó en la caja de útiles y que nos quedó desamparado cuando se lo llevaron sin preaviso.

Nosotros quedamos desamparados de infancia,

Nuestro niño quedó desamparado de justicia,

Su habitación quedó desamparada de abrazos,


Por mucho tiempo, cada vez que escuchaba la canción “Un ángel para tu soledad” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota lloré por él y desee que jamás vuelva a estar atado con doble cordel (el de disimular), y que quienes se acercaran a él no crean lo que oyen, lo quieran y lo conozcan. Y le dibujen corderos. Y lo amen, que lo amen mucho.


*Jimena Vera Psaró es Licenciada en Comunicación Social. Nació en La Rioja, Argentina, en abril de 1979. Cursó estudios de arte, diseño gráfico y periodismo. Trabajó en medios gráficos, empresas de telecomunicaciones y docencia. Desde hace 7 años inició Anima Mulita, su estudio de diseño y comunicación, sostiene el trabajo cooperativo desde Amalaya! escribe la columna Sur Cronopio para revista Cronopio, edita y dirige Esquiva Periodismo Cultural