La relectura necesaria

Por: Martín Alanís

Desde que me recibí sigo dándole vueltas al mismo tema, intentando descubrir quién soy. Debe ser por eso que, cuando escribo, soy como un perro que persigue su propia cola sin poder alcanzársela. Siempre rondo en el mismo tema: la identidad.



Repaso una y otra vez mi tesis, con la cual cerré un ciclo, el universitario. Tenía veintidós años cuando elegí ese tema, que como todo tema de tesis, me flechó, me enamoró, me rompió el corazón, me hizo llorar, me hizo desvelar, me abrió puertas. Pienso que la elección de un tema para estudiarlo a fondo nunca es casual, tiene que ver con lo que uno es: lo atraviesa, lo define. El mío era la construcción de identidad de los jóvenes riojanos universitarios en las redes sociales. 

Debe ser que a esa edad, mi “yo” se desdoblaba entre Facebook y Twitter, navegando en la dualidad de lo real y de lo virtual, preguntándome, cuestionándome, adentro y fuera de las redes, quién era. Mientras escribo estas líneas estoy viviendo mis 27 años. Pasaron un par de años desde que me recibí de comunicador social. Y desde un tiempo a esta parte, me sigo preguntando quién soy.

Debe ser por eso que, cuando escribo, soy como un perro que persigue su propia cola sin poder alcanzársela. Siempre rondo en el mismo tema: la identidad. Abro mi tesis y la releo, para ver qué perspectiva se mantiene vigente y cuál se merecería una revisión. Mi sobrino juega en el piso con sus muñecos y ve televisión: los personajes de “Un show más” copan la pantalla de Cartoon Network, mientras yo releo conclusiones como las siguientes: que la identidad juvenil en las redes sociales es un proceso de construcción que se configura a partir de tres etapas, que la primera se basa en la presentación del ‘yo’ donde se expone lo privado en el ámbito público, donde lo íntimo se convierte en éxtimo y donde la vida cotidiana pasa a ser expuesta como un espectáculo. 

Releo también que los jóvenes aprenden a ‘negociar su identidad’ en el momento en el que deciden qué contenido publicar y qué no, dependiendo siempre de la mirada de sus pares. 

Releo que el relato que hacen éstos jóvenes, lo narran no solamente desde el punto de vista de autor sino también como protagonistas de sus propias vidas, ya que tuitean lo que hacen, lo que piensan, lo que sienten, comparten videos virales, retuitean una meme, comentan la publicación de un amigo, o reaccionan ante la de otro con un “Me gusta”, un “Me enoja”, un “Me entristece” y así…
Releo que los jóvenes ensayan en las redes sociales diferentes prácticas que pueden gustar o no, y son sus pares –amigos, compañeros de la facu, familiares- los encargados de otorgarle la validez social necesaria a la identidad de un joven para que éste pueda definir quién es. 

Releo que una vez aprobada, esa identidad nunca será estática ni inmutable ya que no corresponde a la lógica de las redes sociales donde lo efímero y el ritmo acelerado obligan a los jóvenes a actualizarse y estar a la orden del día. 

Releo que se reconfigura una identidad que cambia constantemente y, en esa dinámica, los jóvenes experimentan el empoderamiento que les permite hablar de ellos y así ensayar su “yo” para repensar su inserción, pertenencia y sociabilidad en el mundo real, donde la vida on line traza un puente con la vida off line. En esa unión se fundamenta la idea de que para los jóvenes riojanos universitarios estar presentes en una red social es poder demostrar que hay una sociabilidad no perdida al manifestar una preferencia por la presenciabilidad ante la virtualidad. 

Releo finalmente que lo identitario juvenil en las redes sociales es una permanente negociación de “quién soy”, un intento constante de reafirmar “lo que pienso que soy” y la necesidad de que los otros le den sentido a ese “yo virtual” con su aprobación. Las redes sociales, entonces, son escenarios para que toda una generación que vive “un presente continuo” pueda definirse en ella, gracias a la mediación electrónica y utilizando las pantallas como punto de encuentro, para así construir ahí su identidad. 

Termino de releer estas conclusiones y pienso que algún día debería retomar esta investigación, pero sé que en el fondo esto implicaría también preguntarme a mí mismo quién soy yo en este momento. Y no sé si tengo ganas. O mejor dicho, no sé si estoy dispuesto a vencer ese miedo. Cansado de esperar que le preste atención, mi sobrino se sienta a mi lado reclamándome en silencio que vaya a jugar con él. Releo la nota una vez más y le pregunto: Heber, ¿qué es para vos la identidad? Y él, sin hacer ninguna investigación previa, ni pariendo una tesis, ni asistiendo semanalmente a terapia para descubrir quién es, responde sin dudar y con apenas 8 años, la respuesta que ningún académico se animó a dar: “la identidad, tío, es alguien que no se deja ver”



Martín Alanís ​ (La Rioja-Buenos Aires)​ ​​ es licenciado en Comunicación Social ​ (UNLaR)​ ​ y colaborador permanente del semanario digital DataRioja

​Actualmente cursa una especialización en Periodismo Narrativo en la Fundación Tomás Eloy Martínez, y por otro lado, sigue intentando escribir una novela.