“Soldados de Salamina”:

SÁNCHEZ MAZAS VERSUS MIRALLES O TRATADO SOBRE LA HEROICIDAD

Por Juan Manuel Zuluaga Robledo*

Al leer la formidable novela de Javier Cercas, publicada en 2001, son muchos los aspectos históricos, narrativos y meta-ficcionales que llaman la atención de los lectores, cuando se sumergen de lleno en “Los soldados de Salamina”. De esa manera, Cercas propone en la introducción, desarrollo y resolución de su historia, un juego continuo de contrastes, de contraposiciones, de tesis y antítesis enfrentadas, entre dos figuras opuestas, Sánchez Mazas y Miralles –en cuanto a sus posturas ideológicas, en cuanto al concepto de heroicidad, también sobre la política-y complementarias, ya que al cotejar ambas historias, logra dar con la pieza que integra armónicamente su “relato real” y realizarse como escritor profesional (sabemos que el protagonista se presenta así mismo, como un autor fracasado que se redime luego de concluir sus “Soldados de Salamina”).

Se pasa entonces de una simple curiosidad periodística que lleva al narrador a indagar  por qué un soldado raso republicano le perdona la vida al escritor falangista en medio del bosque; para después investigar su biografía marcada por su vida literaria –evocadora de un pasado cortesano y conservador, que invoca el pretérito glorioso de una España cristiana- su compromiso con las ideas fascistas, su destitución ministerial y su vida de anacoreta solitario, retirado del franquismo. Y luego de manera súbita, desencantarse del propio Sánchez; acto seguido, ya en el clímax y final de todo el asunto, reflexionar sobre la figura del “héroe verdadero”, del conflicto bélico español, al enaltecer la figura decrépita e injustamente olvidada de Miralles, dada a conocer por Roberto Bolaño.

Asimismo, al incorporar la historia de Miralles, logra salir airoso de su enfrascamiento con la escritura de una simple biografía sobre el fundador de La Falange Española, cuerpo narrativo que podría resultar aburrido para los lectores, ya que bien podría ser un material digno para Wikipedia, sin ningún interés narrativo, ni intelectual ¿A quién le interesaría leer la biografía de un ultraderechista –admirador de Mussolini- de un “buen escritor”, pero no “un gran escritor” que marcara una época? “Por entonces leí todos sus libros. Los leí con curiosidad, con fruición incluso, pero no con entusiasmo: no necesité frecuentarlos mucho para concluir que Sánchez Mazas era un buen escritor, pero no un gran escritor”, comenta Cercas (Cercas, 20). Al mismo tiempo sería un material “cojo”, incompleto, que desdeñaría el punto de vista republicano de la contienda, que bien podría avalar en parte la “historia oficial” ideada por los franquistas. Por lo tanto, la aparición de Miralles llega a completar todo el asunto y a cuestionar de frente toda esa historia oficial. También la historia de Miralles aporta equilibrio periodístico: al ofrecer un relato que incluye la historia de vencedores y vencidos, y cotejar la filosofía e idearios de “fuentes periodísticas” que proponían tesis y discursos contrarios, generando equilibrio periodístico y narrativo en la trama que intenta construir. Sobre lo anterior, Cercas exclama al releer su material: “A la segunda relectura la euforia se trocó en decepción: el libro no era malo, sino insuficiente, como un mecanismo completo pero incapaz de desempeñar la función para la que ha sido ideado porque le falta una pieza” (Cercas, 142). 

Al final, la conjetura que tiene el narrador sobre si es el propio Miralles, el recluta que perdona la vida a Sánchez, será una cuestión que quedará anclada en un segundo plano, puesto que lo que se entrará a evocar en el desenlace, es la heroicidad de los soldados rasos republicanos de la contienda. Desde luego, se hace evidente que Cercas tomará partido a favor de ellos (es una arista subjetiva; la objetividad nunca está presente en una historia), enaltecerá su noble accionar y cuestionará a la sociedad española por postrarlos en el olvido, por no reconocerles su papel histórico y fundamental en el proyecto de la nación española contemporánea.

Ahora bien, surge en principio una confusión conceptual, en la que los lectores, se preguntan si la narración es una novela histórica, o una novela de “no-ficción” tal como la definió Truman Capote, o una narración de Fact-Fiction. “Los soldados de Salamina” se trata en realidad de una meta-ficción historiográfica que contrasta hábilmente las posiciones opuestas y rivales entre los vencedores y vencidos de la Guerra Civil Española, que a la larga llevará al autor español, a desarrollar una reflexión sobre la heroicidad, al contrastar a Rafael Sanchéz Mazas con el octogenario Antonio Miralles.

¿Por qué “Soldados de Salamina” se puede encasillar como una meta-ficción historiográfica, término acuñado por Linda Hutcheon? ¿Cómo logra dicha meta-ficción propuesta por Javier Cercas, contrastar las figuras de Sánchez Mazas y Antonio Miralles?

Para responder ésta inquietud, se puede afirmar que “Los soldados de la Salamina”, es una narración postmodernista y contemporánea, que autoconsciente y reflexivamente va advirtiendo a los lectores que es una obra de ficción, y tiene el objetivo de complejizar la habitual relación entre ficción y realidad, en este caso, de un episodio de la Guerra Civil Española. Al contrastar las figuras de Sánchez Mazas y Miralles, se diluyen los bordes que separan la realidad histórica de la ficción. Sabemos que Sánchez Mazas fue un personaje de carne y hueso, no sabemos si en realidad Miralles existió, si hay indicios de que los amigos del bosque vivieron. La ficción y la realidad se funden en un mismo cuerpo.  A través del juego narrativo confeccionado por Cercas se pueden estudiar las reacciones de una historia que fue narrada en un principio por los vencedores, y cotejar las reacciones que suscitó esa imposición histórica, desdeñando el lado republicano.

Subyace entonces un cuestionamiento a la “historia oficial” escrita por el franquismo, que desconoció durante casi cuatro décadas a los vencidos republicanos. Situación que se revertiría a partir de 1975, cuando entra de lleno la transición democrática: a lo largo de la novela, se trae a colación constantemente aquella frase que afirma que “los franquistas y falangistas ganaron la guerra, pero perdieron la de la literatura”. Sabemos que los vencidos ganaron la contienda literaria: Sabemos más hoy en día de Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberdi, García Lorca, que del propio Sánchez Mazas. Es descabellado e inaudito el interés del narrador en el escritor falangista. Inclusive, la propia Conchi se asombra con el personaje que escoge su novio periodista para escribir su “relato real”: “-Tiene miga-comentó en efecto Conchi, con un rictus de asco-. ¡Mira que ponerse a escribir sobre un facha, con la cantidad de buenísimos escritores rojos que debe haber por ahí! García Lorca, por ejemplo” (Cercas, 67).

Más aún cabe preguntarse ¿Cómo llega Cercas a interesarse en Sánchez Mazas? ¿Qué lo lleva a obsesionarse con la figura del escritor falangista? En un principio, el narrador queda cautivado con la historia de un recuerdo de un recuerdo, en boca del reconocido escritor Sánchez Ferlosio en medio de un bar. Queda obsesionado con la historia que cuenta el hijo, de un padre que huía afanosamente por un bosque catalán y cuya vida es perdonada por un soldado republicano de mirada misteriosa.

De esa manera, el narrador se lanza a contar la historia de la escapatoria de Sánchez Mazas en el bosque. ¿Qué le pasó por la cabeza al soldado cuando deja que Sánchez Mazas se escape? ¿Lo movió la compasión? ¿Qué lo llevó a actuar de esa forma? Cercas al final de la novela, al preguntarle a Miralles sobre si es el soldado anónimo, intenta responder esa inquietud periodística, que es la chispa literaria y narrativa que lleva al inicio de la redacción de los “Soldados de Salamina” para luego desembocar en el concepto de la heroicidad: “Para preguntarle qué pensó aquella mañana, en el bosque, después del fusilamiento, cuando le reconoció y le miró a los ojos. Para preguntarle qué vio en sus ojos. Por qué le salvó, por qué no le delató, por qué no le mató” (Cercas, 200).

Desde luego, al final de la historia,  se presenta un desencantamiento hacia la figura de Sánchez Mazas: se pierde su arista de heroicidad, para comenzar a encarnarla Miralles: un personaje agobiado por el peso de los años, jubilado, quien padece una embolia cerebral; un personaje anónimo, retraído, alejado de su pasado y habitante otoñal de una pensión de ancianos en Dijon, Francia. Entonces Cercas presenta de esa manera su idea sobre el soldado anónimo y por tanto, del “héroe anónimo”. No puede ser héroe un escritor ultraderechista –Sánchez Mazas-, admirador consumado de “El Gran Duce” italiano; no pueden ser héroes aquellos guerreros que el propio Sánchez Mázas trató de inmortalizar y alabar en su famoso poema “Oración por los muertos de la falange”. Para el narrador no son héroes aquellos que desataron un pandemonio de sangre y destrucción en la Península Ibérica, para implantar el pasado glorioso de la España monárquica e imperial y luego implementar un férreo Estado totalitario, cristiano, mojigato y ultraconservador. Al admirar el valor y coraje de Miralles y sus amigos soldados, se va en contravía de la idea de heroísmo, de marcado fundamentalismo cristiano, que presenta Sánchez Mazas en su poema: “Aparta, así, Señor, de nosotros, todo lo que otros quisieran que hiciésemos, y lo que se ha solido hacer en nombre de vencedor impotente de clase, de partido o de secta. Y danos heroísmo para cumplir lo que se ha hecho siempre en nombre de una Patria, en nombre de un Estado futuro, en nombre de una Cristiandad civilizada y civilizadora”.

Más adelante, cuando Cercas dialoga con Miralles en el asilo, el octogenario le dice al periodista que él no es ningún héroe; asevera que los héroes mueren o los matan, nacen en la guerra y mueren en ella. Y no hay héroes vivos. Todos están muertos. Por eso, según la visión de Mirallles, un héroe es un mártir que dio su vida por una causa.  Al final, cuando Cercas abraza a un Miralles sediento de cariño, afirma "supe que es el olor desdichado de los héroes". Es decir, identifica a Miralles con el héroe vencido, que no resultó vencedor, olvidado por el país por el que luchó. Propone entonces una historia alterna y que contradice de tajo a la historia oficial del franquismo. Pero el héroe tanto en la posguerra, como en la transición democrática, y ya ubicados en pleno siglo XXI, es ignorado, desdeñado, olvidado por un país que no es el suyo; una figura heroica que no es evocada en la actualidad ni por el Gobierno Central en Madrid, ni por la población civil, ni por las ONGS: no hay ninguna calle que tenga su nombre, no hay ningún monumento erigido para enaltecer su papel en la guerra.

El héroe es un soldado anónimo. Incluso, para Miralles, los héroes verdaderos que hay que honrar son sus amigos soldados que murieron en la Segunda Guerra Mundial. No hay día en que no los evoque en su soledad otoñal y crepuscular del asilo en Dijon. Los héroes son aquellos soldados anónimos que entregaron su vida, en la Guerra de Salamina, para enaltecer y defender a las polis griegas de los embates bélicos de los persas. Los héroes son los soldados anónimos y aguerridos de las guerras médicas en la antiguedad, de la Guerra Civil Española, de la Segunda Guerra Mundial, de todas las guerras que han manchado de sangre todas las latitudes del globo terráqueo y han forjado los Estados a través de la coerción y el capital. El héroe es el soldado desconocido –no es un prohombre, no es un líder de la talla de Winston Churchill o De Gaulle; no son tampoco los vencedores falangistas y franquistas- es un ciudadano común y corriente que entregó su vida por una causa que creía justa y que traería bienestar a la humanidad.


* Juan Manuel Zuluaga Robledo es Comunicador Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), Medellín, Colombia. Es director de www.revistacronopio.com Magíster en Ciencias Políticas de la UPB. Tiene una Maestría en Literatura Latinoamericana en Illinois State University, donde se desempeñó como profesor de español. Actualmente aspirar a obtener un PhD en Literatura Latinoamericana en The University of Missouri. En sus tiempos de estudiante de comunicación, disfrutó contando historias de ciudad en el periódico Contexto de la Facultad de Comunicación Social. Fue practicante del periódico El Tiempo en Medellín y trabajó en el periódico Vivir en El Poblado, medios en los que se desempeñó como un forjador de crónicas y entrevistas.