Inconformidad, el síntoma para ir más allá

Por: Marian Jana Ortiz 

Nos ligamos constantemente a esa capacidad de los seres humanos por transformar rápidamente los contextos en los cuales se está. Entrar al mundo de los sueños, es entrar en esas sensaciones que se pueden describir mejor como necesidades, peticiones, metas o aún mejor estados ideales. Cuando se habla de los sueños, automáticamente la mirada se dirige hacia arriba, hacia lo superior, el espacio. Es como si fuera algo lejano, deseos que difícilmente se cumplirán.

“Soñar no cuesta nada”, es una de las frases populares que más se comenta cuando algún individuo con mucha sinceridad expresa qué le gustaría hacer, estar o ser, sino estuviera en ese momento allí, alternando imaginariamente su presente. Este popular dicho, además de incitar a los creativos y positivos a seguir soñando, es una cruel burla directa de lo imposible que es cumplir muchos de los objetivos que se tienen en mente, la mayoría de veces porque no se tienen diversas posibilidades para lograr alcanzar dichos estados, es difícil nombrarlos, ya que entraríamos en una descripción y discusión de choque “socioeconómico” bastante espinosa.

Aunque dentro de muchas filosofías de vida, el soñar es lo que nos mantiene vivos, lo que nos hace fuertes, resistentes, además de sentir un pequeño orgullo propio al lograr lo que se tenía dentro de esa ojeada hacia el cielo, o el techo de la casa, el soñar se relaciona también con esa inconformidad constante al personaje de esta obra que interpretamos cada segundo. Poniendo siempre un sinsabor de estar donde se está, o ser lo que se es…

¿Será codicia? Un apetito de poder moldear con cada ingrediente la construcción, física, sicológica y social que nos enmarca dentro de los triunfadores o los fracasados. Es entretenido también poder analizar y pensar ¿Qué se hace diariamente para lograr ese jardín de las delicias que se quiere habitar?, el jardín de las delicias frase que define los sueños personales, ya que cada vez que los ojos se van, se van, se van, se está anhelando pero no realizando.

Aunque varias veces en mis días, escucho aquello de ponerle ánimo a los sueños, creo que si se hace un porcentaje de los sueños cumplidos creados en el mundo por los seres humanos, el porcentaje de consumados sería un poco bajo como resultado.

Puede ser cuestión de luchar, a veces todo se torna como un síntoma de ir más y más allá. Lo mejor de soñar es poder jugar con la mente y la imaginación, creando escenas, además de transformarnos físicamente para lograr un estado de “felicidad”. Claro que hay sueños que valen la pena, y más cuando de vida o muerte se habla.

Los sueños además de intangibles son en muchas ocasiones estados inalcanzables, algunos, pero como muchos dicen son el motor de la vida. No está de más soñar con tener alas para poder volar, ser invisible o tener poderes como Sabrina la bruja adolecente, entre otros.

Todo depende de frenar en seco, en este caso girar los ojos a la izquierda, luego a la derecha, pensar en donde le gustaría estar y hacer, cerrar los ojos, abrirlos y ver que nada pasó, ver la realidad, esto puede ser un instante de motivación para luchar por esos segundos que se evaporaron. Pero nada malo tiene soñar, ¡no cobran¡ además que es un buen ejercicio para focalizar muchos temas que a veces se manosean y cruzan en la cabeza, parecen personas queriendo entrar al servicio público, con desesperación uno sobre el otro, buscando la entrada o la salida.

Bueno también están esos sueños inconscientes, cuando se está dormido, éstas construcciones, sí que son voltajudas, porque sin tener que ir hasta Freuid, el análisis de ensueños, en algunos casos son deseos reprimidos, como si viviéramos constantemente agarrotados, porque no la pasamos más soñando que con los pies sobre la tierra.

El maravilloso mundo de los sueños, más que un jardín de las delicias, es un edén que nos permite poner nuestro cuerpo y mente en situaciones incoherentemente celestiales que se apoderan de esas ganas de cumplir lo quimérico, es cuestión de pensar en que “algún día será domingo”. Y de poder focalizar esa mirada contrapicada, que en conclusión en pocos casos acarrea y en otros nos deja en la estacada.


*Marian Jana Ortíz Vásquez 
es graduada en Comunicación social con énfasis en comunicación alternativa, producción y preproducción de medios audiovisuales y escritos de la Universidad de Manizales. Colombia.
Experta en Periodismo comunitario. Actualmente nuestra corresponsal en ciudad de Panamá. Rep. de Panamá.