"Anoche soñé"

Relato: por Silvio Litvin*



Anoche soñé. Estaba sentado en un escalón del mástil. Me di cuenta que el guardapolvo tocaba el piso, me levanté un poquito y con la mano derecha por detrás tiré de la tela hacia arriba. No miré donde lo blanco había tocado el piso, no supe cuánto se habría ensuciado. El problema era otro, yo sabía que en cuanto terminara el recreo largo la de cuarto iba a entrar al aula y la señorita Aurora nos diría saluden a la señorita Claudia. Buenos días señorita Claudia y tomen asiento y en silencio por favor y luego cuchichearían las dos un poquito. O tal vez  habían hablado antes y me llamarían ya. Cada segundo se estiraría hacia la eternidad, yo tendría las orejas rojas y sentiría frío en la espalda. Sabía que por más fuerza que hiciera la voz me saldría como un susurro oxidado para decir que no era la primera vez, que Ramiro siempre molestaba y si no me despeinaba me tiraba la regla al piso o me pisaba o me desataba los cordones de las zapatillas o un empujón o una escupida y que esta vez no lo aguanté y que… Pero también sabía que a esa altura ni a mí mismo me parecerían argumentos sólidos. Que aún la más cruda verdad era fría y pobre para justificar la zancadilla que le hice en el pasillo, el vuelo como de cinco metros y el aterrizaje forzoso que le dejó la nariz, un párpado y el pómulo izquierdo bañados en sangre. Y ellas seguían hablando bajito y el frío se me iba pasando y el temblequeo también y el murmullo se hacía tierno y me calmaba una dulce modorra y soñaba. Soñaba que mi abuela era la maestra y la abuela de Ramiro era la de cuarto y nos llamaban a los dos, que éramos mucho más chiquitos, como de tres años y nos sentaban en sus regazos y nos acunaban con ternura y después de estarnos un ratito quietos teníamos el impulso de bajarnos y ellas aflojaban sus brazos y nosotros nos dábamos las manitos y nos sentábamos en el escalón del mástil del patio de la escuela y mirábamos a los niños correr y gritar en el recreo largo.


*Nací en el barrio de Villa Crespo en Buenos Aires y me radiqué en La Rioja hace treinta años.
Soy psicoanalista y desde siempre he admirado a los escritores que me deleitan.
Fui columnista del suplemento cultural del diario local El Independiente. Una selección de los textos publicados edité como libro electrónico en CD, con el título UFAMÉRIDES.
De un tiempo a esta parte curso taller literario con Adriana Petrigliano.