La vida debe ser una fiesta continua

Por: Jimena Vera Psaró

"La vida debe ser una fiesta continua" decía Salvador Dalí y aquí nos encuentro fin de año con los globos pinchados, pero reflexionando sobre lo que se merece celebrar...


I.                    Navidad
Navidad.  Las familias cristianas (y muchas más) se reúnen para compartir Noche Buena en cenas deslumbrantes. Hay luces, decoración especial, fuegos artificiales y pirotecnia. A las doce, vienen los abrazos emocionados y los regalos en el arbolito. Pero falta un invitado al que casi nunca nadie recuerda: el niño celebrado, que lleva más de dos mil años de estar al margen de la fiesta.


II.                  Celebrar
Me encanta celebrar, quisiera poder hacer muchos más regalos de los que hago. Pensarlos para cada persona, vestirlos con la piel de los sueños de quienes los reciben. Que sean una forma de decir: pensé en vos, me importás, sé lo que querés. “Creo que es absurdo creer que el regalo está dentro del paquete, siempre el regalo son las manos que lo entregan” leí por ahí.
Me encanta festejar la vida, me gusta que a toda edad siempre se tenga un bizcochuelo, una torta y velitas. Aunque a veces se improvisa con un fósforo encendido clavado en un alfajor. Pienso en todo lo que falta cuando el día pasa desapercibido, sin registro de constituirse en una persona que celebra su existencia. Por ese mismo motivo repudio las fiestas sorpresas, esas que tienen al homenajeado al margen; la idea es hacerle creer que se han olvidado de saludar y cuando la persona llega a su casa por lo general al final de la jornada, es sorprendido con el saludo de los simuladores. Pobre tipo, pasó todo el día en soledad para terminar aguantando un festejo que tal vez no eligió, pienso.


III.                Presencias
En una lista de invitados, necesariamente hay gente excluida. Me tocó estar de las dos partes y por diferentes circunstancias. Me tocó decidir con qué grupo de amigos comparto tal o cual festejo. Me tocó negarme a integrar ceremonias en las que sentí que no había nada que festejar. “Aprende a obsequiar tu ausencia a quien no valora tu presencia” escribió Oscar Wilde. A lo largo de estos años colecciono muchas ausencias para obsequiar, pero cuando elijo estar presente disfruto plenamente de cada minuto.


IV.                La fiesta que Vale

 A principios de noviembre de 2013, Valeria fue a colocar el primer audífono a un niño de 8 años. Por lo costoso de la prótesis y una larga gestión de la familia, habían conseguido que el Ministerio de Salud al fin cubriera el gasto. Seba, a punto de cumplir los 9 nunca había escuchado que le canten el cumpleaños feliz, ni hablado por teléfono ni tampoco sabía cómo sonaba la voz de Ben 10, su personaje favorito entonces. A todo eso lo hizo con Valeria y nosotros como testigos. Se organizó una cadena de favores para festejar por primera vez el cumple de Seba. Mucha gente que no lo conocía supo de su historia por redes sociales y se armó una hermosa celebración a la que tuve el privilegio de ser invitada. No faltó nada, cotillón, regalos, cosas para el brindis, un inflable, sorpresitas, piñata, globos, etc. Pero sobre todo desbordó emoción y alegría. La intensidad en la mirada y los abrazos de Seba no se miden con nada conocido.