Derrotar a los miedos: esa es la cuestión

Por Evelyn Zárate Henao*


«Usted gana fuerza, valor y confianza con cada experiencia en la cual usted se detiene y mira al miedo en la cara. Ya que luego de esto usted es capaz de decirse a sí mismo: "He superado este terror. Ahora puedo enfrentarme a lo próximo que se me venga."» Eleonor Roosevelt.

El miedo es algo natural del ser humano. Es un instinto básico, surge del inconsciente y existe desde tiempos inmemorables. Incluso en la mitología griega existía un Dios llamado “Fobos”, hijo de Ares y Afrodita, personificación de pánico y miedo para los habitantes de aquella época. La palabra fobia viene del griego fobos referente al dios de la mitología y es definido cómo un temor exagerado o irracional.
Mientras que para William James el miedo es la respuesta al instinto de autoconservación; para Freud el miedo y la angustia van unidos de la mano. La fobia es una fortificación de la angustia. Estas cuestiones están enlazadas con las emociones y experiencias reprimidas que se guardan en el inconsciente y tienen injerencia en el diario vivir de las personas.
“El asunto sobre el miedo es que no puedes huir de él, puedes fingir que no existe pero en algún momento te encontrará. Supongo que es por eso que la gente salta de aviones, nada con tiburones y se enamora, porque la única forma de conquistar tus temores es vivir peligrosamente mirándolos a la cara” (Dance academy, Samantha Strauss y Joanna Werner, temporada 1 episodio 22 “flight or fight response”).
El miedo es algo con lo que se convive a diario y es una noción que no se quiere enfrentar. Provoca desvelos y roba tranquilidad pero evidencia el hecho de estar vivos. Además, advierte la fragilidad de la condición humana. El miedo funciona como instinto de autoconservación; se nace sin miedo y se desarrolla a partir de la experiencia, demuestra que se tiene algo porque luchar. Así como hay gente, hay miedos y estos pueden llegar a convertirse en fobias tan severas como lo es la agorafobia o la antropofobia.
De los miedos más grandes del ser humano y evidencia de su condición de fragilidad e inseguridad, se encuentra el miedo a la muerte y a lo desconocido, se teme a lo que pasa luego de la separación del alma y el cuerpo, del final de este estadío corporal y cómo es de esperar, se han generado un sin fin de teorías alrededor de esto: la reencarnación, el cielo, el nirvana, las deidades y el apocalipsis, que aunque se desconoce de sus veracidades, funcionan para explicar todos los fenómenos que el ser humano por su incapacidad, no puede lograr y a su vez, no son más que la muestra de la angustia ante lo incierto.
El miedo en nuestros tiempos se ha convertido en una estrategia comercial. Se genera miedo a las cosas más insignificantes para vender seguridad. Nos venden miedo a las bacterias y gérmenes que nos rodean para vendernos antibacteriales que perjudican la flora bacteriana natural de la piel. Se generan miedos colectivos y tabús sociales acerca de la imagen corporal y los parámetros adecuados de estos para vender productos de marcas cosméticas.
El miedo es la inquietud frente a lo diferente, a todo aquello que se considera socialmente no aceptado, a todo aquello que va en contra de la belleza y el orden.
Algunos artistas y escritores, por medio de sus creaciones, han exorcizado no solo el sufrimiento sino también los miedos, la existencia del caballero heroico y el sacrificio que éste hace al tomar su espada con valentía y dejar todo atrás por su amada, por su patria o lo que considera correcto. Lo anterior, a mi modo de ver, es la manera más clara de demostrar el miedo a los deseos reprimidos que se quieren alcanzar y por miedo no se ha emprendido la lucha que lleva al objetivo.
Los miedos son parte de lo que nos hace estar vivos, no solo como medio de supervivencia, sino también como impulso para superar las barreras autoimpuestas del ser, como motor de valentía para seguir caminando y fuente de satisfacción para superarlos.



*Evelyn Zárate Henao es estudiante de segundo semestre en la Facultad de Medicina de la Universidad de El Bosque, en Bogotá, Colombia.