Tsunamis de cartas

Por Evelyn Zárate Henao*

Existen diferentes tipos de cartas dirigidas a distintos destinatarios: las cartas de amor y de despedida, a Dios y a la patria, de protesta e incluso las que componen los libros epistolares. Muchas de estas forman parte del pasado y nos ilustran acerca de muchos de los hechos trascendentales para la historia y la configuración de la realidad como la conocemos en nuestros días.
Las cartas, escritas en papel, son perdurables, lo cual contrasta indiscutiblemente con la época de modernidad liquida en la que vivimos, en donde todo es efímero e inestable. Una época donde la globalización acerca el mundo y aleja a las personas, donde hay tantas formas de comunicarse pero carecemos de comunicación.
A través de la historia, las cartas públicas han esclarecido algunos hechos y cambiado los esquemas de muchas de las personas que las leen. En estas, los autores  pretenden exponer su postura frente a una problemática que ellos creen, concierne a toda una comunidad, tal como fue el caso de Alexandre Dumas hijo y muchos artistas durante la época de la construcción de la Torre Eiffel:

“…Nosotros, escritores, pintores, escultores, arquitectos, apasionados aficionados por la belleza de París hasta ahora intacta, venimos a protestar con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra indignación, en nombre del gusto francés anónimo, en nombre del arte y de la historia francesa amenazadas, contra la erección en pleno corazón de nuestra capital, de la inútil y monstruosa torre Eiffel, a la que la picaresca pública, a menudo poseedora de sentido común y espíritu de justicia, ya ha bautizado con el nombre de Torre de Babel … Nosotros llamamos su atención para pleitear por la causa de Paris, sabiendo que dispensarán en ello toda su energía, toda la elocuencia que debe inspirar a un artista la belleza del el amor, lo que es grande y lo que es justo... Y si nuestro grito de alarma no es oído, si nuestras razones no son escuchadas, si París se obstina en la idea de deshonrar París, al menos ustedes y nosotros habremos hecho escuchar una protesta que honra…”
Guy de Maupassant, Charles Gounod, Victorien Sardou, Charles Garnier, François Coppée, Sully Prudhomme, Leconte de Lisle, William Bouguereau , Alexandre Dumas (hijo), Ernest Meissonier, Joris-Karl Huysmans y Paul Verlaine. Carta pública dirigida al Sr. Alphand, comisario de la Exposición. Le Temps 14 de febrero de 1887

Las cartas son tal vez la mejor manera de expresar aquello que atormenta el alma y hace perder la calma, tal como fue el caso de Vincent Van Gogh en las cartas a su hermano, Théo después de haber caído en la locura, en los tiempos en los que se amputó el lóbulo de su oreja.

“Las ventajas que tengo aquí son, como diría Rivet, ante todo, que «aquí están todos enfermos» y entonces por lo menos no me siento solo.
Ya que como bien sabes me gusta tanto Arlés, aunque Gauguin tenga algo de razón al llamarla la ciudad más sucia del Mediodía.Y ya he encontrado tanta amistad en los vecinos, en el Sr. Rey y en todos los del hospicio, que realmente preferiría estar siempre enfermo aquí que olvidar la bondad que hay en la misma gente que tiene los prejuicios más increíbles respecto a los pintores y a la pintura o que en todo caso no tiene ninguna idea clara y sana como nosotros.”
Vincent Van Gogh en una carta a su hermano Théo, febrero de 1889.

Los desahuciados, artistas y filósofos que componen la historia han escrito un sin fin de textos y cartas comunicándose los unos con otros, debatiendo sus ideas y comentando sus escritos. Ideas que han trascendido y han ampliado entonces los horizontes de muchos en la actualidad.

Aprisionados en esta insulsa sociedad, escribir es tal vez la mejor manera de expresar aquello que la boca calla ya que la sociedad reprende a quien piensa de manera independiente.



*Evelyn Zárate Henao es estudiante de segundo semestre en la Facultad de Medicina de la Universidad de El Bosque, en Bogotá, Colombia.