Truman Capote:

la correspondencia de un loco, un genio, un paria de la aristocracia neoyorquina

 Por Juan Manuel Zuluaga Robledo*

Truman Capote. Caligrama de María Sánchez con fragmentos de "A sangre fría"

Truman Capote era un loco, un alcohólico, un periodista que revolucionó todo el orbe de los medios de comunicación durante la Guerra Fría. Un escritor consagrado y una vedette de tiempo completo. En medio de las crisis de creatividad, inmiscuido en los aires de las drogas, seis años después del éxito arrollador de A sangre fría –considerada por muchos como la primera novela de no ficción del siglo 20-en su Autorretrato de 1972, escribió sobre sus amigos y sus amantes lo siguiente:

“En primer lugar, no deben ser estúpidos. En una o dos ocasiones he estado enamorado de personas que eran estúpidas, y de hecho, muy estúpidas; pero eso es distinto: uno puede estar enamorado de alguien y no llegar a comunicarse nunca con esa persona. Dios, por eso se casa la mayor parte de la gente, y por eso todos los matrimonios son infelices”.

¿Qué tipo de cartas le escribía Capote a sus amantes, a sus amigos entrañables, a sus colegas de oficio? ¿Cómo lograba comunicarse con ellos?

Se muere un genio como Capote, Cortázar, Borges, José Donoso o García Márquez, y de inmediato comienzan algunos académicos a hurgar en todo lo que escribieron. Escudriñan, comparan, estudian los fósiles de sus escrituras. Los investigadores se adentran en los restos de sus artículos, novelas, cuentos, artículos de prensa, correspondencias.

Actúan como arqueólogos, saqueadores, Indianas Jones.  Releen sus obras cumbres, proponen nuevos acercamientos desde la Teoría Queer y desde otros estudios culturales. Estudian lo publicado, lo inédito. Se maravillan con pilas de papeles que no fueron tenidos en cuenta por las editoriales, o que estos genios prefirieron no publicar nunca. Los desperdicios de los escritores que nunca conocieron la luz, serán en el futuro como el ámbar utilizado por John Hammond en la Jurassic Park de Steven Spielberg, para reproducir tiranosaurios rexs o velociraptors.

Un placer fugaz: Truman Capote obedece a esa lógica. Publicada en 2004 por The Truman Capote Literary Trust, el lector podrá disfrutar del dialogo epistolar de Capote con sus amantes de turno, sus amigos de la alta sociedad neoyorquina, los debates que sostuvo con otros escritores de la época de la paranoia, de la disuasión nuclear, la Guerra Fría. Y también es posible leer los encontrones que tuvo con sus enemigos en diálogos indirectos que les dirigía a ellos, sin dirigirles cartas. A Bob Dylan en Autorretrato lo declaró uno de sus más acérrimos rivales y aporreó de esta forma su música Folk: “Bob Dylan ( ) un músico refinado y falsario que se las da de revolucionario ingenuo cuando no es más que un cantante country sentimentaloide…”.

En sus correspondencias vemos todas las etapas de la vida de Capote: sus años de juventud en la que buscaba ejercer su labor de escritor, luego de partir del sur de los Estados Unidos, en el que pasó su niñez y juventud en granjas bucólicas. Es posible observar su ascenso en la pirámide social de esa megalópolis luego del éxito rotundo de Desayuno en Tiffany’s. La crisis que lo sacudió luego de parir a A sangre fría. El declive de su carrera y de su vida, cuando publicó Música para camaleones en el que se fue en lanza en ristre contra esa aristocracia que lo alabó y que luego lo criticó, lo atacó, lo marginalizó, lo convirtió en una Marilyn Monroe, lo hundió en sus propias heces de falsedades, apariencias y falsos dioses. Plegarias atendidas, su gran novela incompleta, es hija de su tiempo.

Gerald Clarke argumentaba el 1 de abril de 2004 que “…para sus enemigos, Capote tenía una lengua tan afilada como la daga de un asesino. Pero a ellos no les escribía. Sólo mandaba cartas a los amigos, para los que tenía, de principio a fin, una generosidad digna de un santo. Los colmaba de alabanzas por el logro más insignificante, los reconfortaba cuando andaban deprimidos e incluso les ofrecía dinero y ayuda, aun cuando él andaba escaso de liquidez…”.

En Brooklyn, el 18 de diciembre de 1946, le escribió a Howard Dougthy:

17 Clifton Place
Brooklyn 5, N.Y.
18 de diciembre de 1946.

Mi querido Howard,
Hace mucho que no te veo ni sé de ti. Claro que quizá me tocaba a mí escribir, pero no estoy seguro del todo. Pero vaya, nunca hago caso de esas normas y solo escribo cuando de verdad tengo ganas…

Acto seguido, Capote da cuenta de sus estrechos vínculos con la gente pudiente de la capital del mundo. Habla de las casas victorianas que le prestaban en las que se inspiraba para poder crear sus primeras creaciones. Relata sus experiencias en los cócteles en los que se codeaba con los poderosos. Da impresiones sobre las nuevas obras que estaban produciendo sus colegas.

El 4 de diciembre de 1961 le escribe a Bennett Cerf desde Suiza. En esta carta conservada por la Biblioteca de la Universidad de Columbia, se evidencia su ansiedad descontrolada mientras escribía A sangre fría:

Lista de correos
Verbier, Suiza
4 de diciembre de 1961

….Si me gustaría hacer un alto en el camino y veros durante mi viaje a Kansas. Pero no sé decirte con exactitud cuándo será. Creo que sobre el 15 de enero. En relación con todo lo que allí se cuece, bueno, estoy hundido en la desesperación. Hay novedades muy lamentables. Ya hace año y medio que condenaron a los chicos, y ahora, de repente, a causa de alguna putada legal, parece haber un NUEVO JUICIO. Lo que significa que pueden pasar otros dos años antes de que el maldito asunto quede sentenciado y yo pueda acabar el libro. Es deprimente… me repatea. A ver qué pasa…”.

A Jack Dunphy, Capote en el ocaso de su vida, dos años antes de morirse, le envió este telegrama que hace parte de la colección personal de Gerald Clarke, el 25 de febrero de 1982:

Telegrama
Nueva York.
25 de febrero de 1982

jack dumphy
(1936) verbier
…te echo de menos dime cuándo llegas Besos Truman…

Leer la correspondencia de Capote no es un placer fugaz de 717 páginas. Es un placer epistolar para toda la vida.

*Un placer fugaz: Correspondencia, de Truman Capote, es publicado por Lumen.

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*Juan Manuel Zuluaga Robledo es comunicador social y periodista colombiano de la Universidad Pontificia Bolivariana, y Magíster en Ciencias Políticas de la misma universidad. Obtuvo una Maestría en Arte y Literatura por Illinois State University. Actualmente cursa un doctorado en Literatura Latinoamericana en Missouri University. Trabajó como periodista en Vivir en El Poblado en la ciudad de Medellín y dirige la publicación literaria www.revistacronopio.com