Maneras de decir te quiero

Por: Jimena Vera Psaró

"Las cartas de amor son una relación con fantasmas: los besos escritos no llegan a destino, son bebidos en el camino". Franz Kafka (a Milena)
 Suena un alerta en la notificación en pantalla y recibo al instante un correo de un sitio de China que me vende chucherías*. Mientras tanto, el cartero estaciona su bicicleta apoyada en la reja de la casa y extiende un sobre marrón con estampillas y se disculpa por el estado del envío. Adentro late un libro que sobrevivió a un viaje de 700 Km y el papel madera que lo cubre está rasgado. Se trata de la antología “Sucedió un jueves” que el escritor Sebastián Herrera me envió de obsequio.

Leer en papel es un placer al que todavía me niego a renunciar.

-“¿Y qué pasó con ese chico que le mandaba cartas desde el extranjero? ¿Ya no le escribe más?”-, me pregunta el cartero. Hablamos de la vida, de las despedidas y de lo poco que subsisten las letras manuscritas entre tanta comunicación bancaria y facturas de impuestos y servicios.


El peso de las palabras
Guardo cartas y estampillas de España, Polonia y Colombia entre otros lugares del mundo. Con Juan Carlos llegamos a hacernos especialistas en envíos desde Bucaramanga a La Rioja y viceversa. Coleccionamos los papeles más livianos porque el costo de los sobres dependía de los gramos que pesaba. Escribimos con letras minúsculas en papel de calcar, nos enviamos casetes grabados, monedas y hasta pequeños obsequios. Cuando mi amigo cruzó el océano y se fue a vivir a Europa, la comunicación continuó por redes sociales y emails. Siguió mi embarazo a distancia e incluyó esa anécdota en su tesis doctoral. Cuando se estaba por casar, le diseñé sus tarjetas de boda y estuve mirando desde mi teléfono las pruebas del traje para la ceremonia. A mi amigo Juan Carlos lo conocí hace más de 17 años. Nunca nos vimos.


Correspondencia
Cuando Angelina Jolie se encontraba en Australia dirigiendo Unbroken, un filme basado en la vida del atleta olímpico estadounidense Louis Zamperini, combatiente de la Segunda Guerra, Brad Pitt, su pareja, estaba en Londres filmando Fury, otra película también sobre ese conflicto y pensaron en darse apoyo mediante cartas de amor. “Decidimos ser parte de ese tiempo y nos imaginamos que él estaba en el teatro de operaciones europeo y yo en el teatro del Pacífico, y nos escribíamos cartas a mano que nos conectaban mucho; pensando en las personas que en ese tiempo de la Segunda Guerra Mundialestaban separadas durante meses o años” contó ella a T Week, una revista australiana.

Sigmund Freud vio sólo seis veces en cuatro años a Martha Bernays, pero le escribió más de novecientas cartas de amor, donde la llamaba "princesita".

-¿Es extraño amar a alguien que no conocés personalmente, pero que te escribís todos los días?-
- ¿Y cómo te pensás que se mantenían los romances antes? – le respondo a mi mejor amigo, enamorado a distancia.

Simón Bolívar le escribía a Manuela Sáez en 1825: “Sí, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo”.

Las cartas que Antoine de Saint-Exupéry dirigió a su último amor son dolorosas. En mayo de 1944 dos meses antes de desaparecer misteriosamente cuando pilotaba un avión sobre Francia, en una misión de reconocimiento durante la Segunda Guerra Mundial:
"No hay más Principito, hoy día ni jamás. El Principito está muerto o se volvió totalmente escéptico. Un Principito escéptico no es más un Principito. Estoy resentido con usted por estropearlo". 
"No habrá más cartas, teléfono ni señal. No fui prudente ni pensé que arriesgara pena, pero me lastimé en el rosal cogiendo una rosa. El rosal preguntará: ¿Qué importancia tenía para usted? Ninguna, rosal, ninguna. Nada importa en la vida. No más vida. Adiós rosal", finalizó Antoine.
No siempre el amor fue correspondido para toda la eternidad como lo prometieron en un principio, hay cartas que dan cuenta de ese proceso como por ejemplo en el caso de lo que le escribió Enrique VII a Ana Bolena: "Mi corazón y mi persona se rinden ante ti suplicándote que sigas favoreciéndome con tu amor”, esto fue ocho años antes de que ordenara encerrarla y decapitarla.
Napoleón Bonaparte comenzó escribiéndole a su esposa: “Mi dulce Josefina, ámame, que estés bien y pienses muy a menudo en mí”. Otra de sus cartas expresa: "Es imposible estar más débil y degradado. Vuestros pensamientos envenenan mi vida, desgarran mi alma". Y un par de meses después el amor se terminaba: “No te amo, en absoluto; por el contrario, te detesto, eres una Cenicienta malvada, torpe y tonta. Nunca me escribes, no amas a tu marido”.
Quemá esos tweets, el amor en 140 caracteres
Hay un dicho que define lo irremediables: “Hay dos cosas que no vuelven, la palabra pronunciada y el whatsapp enviado”, cuando apenas terminamos de escribir o grabar un mensaje y se envía no hay vuelta atrás. No hay posibilidad de cancelarlo o borrarlo, no podemos ir corriendo a taparle los ojos a la otra persona para que no nos lea.
Nada nos expone tanto como las redes sociales. Las declaraciones de amor, “megusta” y preferencias quedan archivadas y multiplicadas en el ciber espacio. Romper con el recuerdo de una persona es cada vez una tarea más difícil. Ya no basta con alejarse del amigo que nos recuerda a ese ex, también está en las redes sociales, en los contactos en común, en las fotos etiquetadas. No es suficiente con borrar a esa persona de tu vida, también hay que borrarlo del Facebook.


TQM
Los mensajes son cada vez más breves. T.A. / TQM / son el molde telegráfico para los afectos en tiempos modernos, donde el sms hace vibrar el amor en una pantalla. En este sentido una de las obras que más me impactó fue el registro fotográfico del infografista Jaime Serra que expuso los mensajes de texto que durante 52 días una mujer le enviaba a su amante. Ambos 
se encontraban viajando por separado en Europa y este era su principal modo de contacto. Un total de 464 reproducciones de pantallas de teléfono forman esta obra llamada: “DORME BEM, PERDIÇAO…” transformando lo subjetivo de sus vivencias en arte visual.  "Lo he hecho para volver a sentir, condensada en las pocas palabras que entrar en cada una de las pantallas de un teléfono móvil, la pasión que mueve el mundo”, resume él. Meses después cambia el aparato y apaga el del registro para siempre.



Enlace para ver un video de la obra: https://vimeo.com/64490546




*Chucherías: baratijas. Objetos de poco valor e importancia.