A puño y letra

Por. Marian Jana Ortiz Vásquez
Hablar de la comunicación escrita ahora tiene muchas variables. Ya que estamos bombardeados por símbolos que han sustituido palabras y expresiones con el objetivo de reducir el tiempo de lectura. Es decir solo es cuestión de asociación.

En este caso hablaremos de la fuerza de las letras que se plasman en lienzos de papel, generando sensaciones al que atentamente mueve sus ojos danzantes por la melodía de las líneas, de las comas y de los puntos aparte.
Estas son cosas que nunca se olvidan, el hecho de poder apreciar estas letras y definir su significado, pero el hecho de poder expresarlas “a puño y letra” es un legado ancestral, esa necesidad de comunicar que desde pequeños es un ensayo y ensayo que perfecciona nuestra caligrafía. De ahí pues que muchos psicoanalistas pueden analizar la escritura y comprender muchos rasgos particulares de las personalidades.
Aunque es seguro que muchos hayan destronado la tinta y el papel por la virtualización, rápida y de corrección instantánea, siempre es una acción particular fijarse cómo escribe el uno, cómo es la letra del otro y además de eso, rayar miles de hojas practicando esa firma que identifica  a los individuos un sello de presentación que se usará para toda la vida.
Pero no hay más valioso que poder recibir de seres queridos un mensaje y más escrito con sus propias manos, no como mensaje de texto o como un correo, sino poder observar el volumen de las letras que ya sean flacas o redondas son un huella en el tiempo, hacer un dobles particular, enrollarla y guardarla es un clásico ritual de enamorados.


El enfoque de estas palabras, es el de tomar la escritura como una medicina que cura dolores, como una experiencia de relajación y ante todo de comunicación que hace que se recupere la intención y concentración en dichos manifiestos, ir más allá de mover los dedos oprimiendo los teclados de dispositivos móviles para poder escribir lo que pasa por la mente. Es entonces la carta escrita a puño y letra una marca de tintas de sensaciones expuestas.

Las letras como desahogo
María Hernández en el año 1991, sufrió la dolorosa muerte de su esposo, este suceso marcó la vida de María con tanta potencia que después de quince años de este lamentable episodio, no podía hablar con tranquilidad de su amado Alfonso José. Además de tristeza profunda, ella siempre lo recordaba con rabia, porque para ella este momento nunca debió de haber pasado.
“Un taco en la garganta”. Así es cómo define esta mujer esa extraña sensación que apoderaba su cuerpo al hablar sobre su fallecimiento. A pesar de que le oraba puntualmente y como dice ella con mucha fe a todos sus santos, estas actividades religiosas no valían para poder tener una paz interior.
María cuenta que muchas noches, despertaba llorando y lo único que hacía era esperar el amanecer sentada en la punta de la cama y mirando hacia el vacío que era ocupado por él, llamándolo e voz alta y preguntándole a su alma ¿por qué de su inesperada muerte?... ¿porque me dejaste sola mi amor?, gritaba en medio del llanto.


Este era un gran trauma, que parecía no tener remedio. Pero ella siguió el consejo de un viejo amigo poeta quien al verla así de desesperada por su eterno amor, le dijo que desahogara todos sus sentimientos en una carta. Esta carta fue titulada “a mi eterno amor”, seguido de palabras, palabras y palabras en donde ella le escribió al Alfonso todo lo que estaba destrozando su ser como viuda y mujer, un luto de nunca acabar, firmada con un beso del color rosa pastel, el color de labial que más le gustaba a su esposo. Reflexionó, pensó, lloró y rió María, mientras escribió esta esquela como sanación. Después de esto enterró estas hojas en un árbol que había sembrado con él.
Ahora escuchar a María, es escuchar a una testigo de las letras cómo desahogo, del escribir con papel y lápiz como un estado de expresión que tranquiliza y sana, así a la persona que esté dirigida no esté presente o se encuentre en la distancia.


Es dejar que la mano sea la extensión de pensamiento y sentimiento, es un regalo que queda sellado en tiempo, en el recuerdo. Y usted, ¿A quién le quiere escribir?. 

*Marian Jana Ortíz Vásquez 
es graduada en Comunicación social con énfasis en comunicación alternativa, producción y preproducción de medios audiovisuales y escritos de la Universidad de Manizales. Colombia.
Experta en Periodismo comunitario. Actualmente nuestra corresponsal en ciudad de Panamá. Rep. de Panamá.