Turismo de carne y hueso

Por Evelyn Zárate Henao* fotografías: Jimena Vera Psaró
"Deja tu casa. Ve solo. Viaja ligero. Lleva un mapa. Ve por tierra. Cruza a pie la frontera. Escribe un diario. Lee una novela sin relación con el lugar en el que estés. Evita usar el móvil. Haz algún amigo".
Paul Theroux (1941).

Alguna vez un profesor me dijo que hay dos tipos de personas sabias: las que leen y las que viajan. Tal vez de las cosas más inteligentes que he escuchado, porque viajar es la manera más hermosa de ampliar horizontes y perder los esquemas sociales. Abandonar los miedos e ir a un lugar desconocido, explorar, conocer y enamorarse de sus calles, interactuar con su gente y perder las reservas, enamorarse de su cultura; dejar de ser turista y convertirse en viajero.



Un turista sale de paseo para librarse del estrés, un viajero sale a recorrer el mundo con sed de aventura y una apasionante curiosidad por la cultura y lo desconocido, se enamora de cada nuevo amanecer y añora la vida nómada de a quien le asfixia la rutina.
Viajar no solo abre al ser a experiencias nuevas, sino que también cambia por completo su estructura mental y su forma de ver la vida ¿Qué mejor compañero para una metamorfosis que un buen libro? O una buena película para los amantes del cine. Tal vez visitar una buena librería o ver la cartelera de cine arte del lugar a donde vas. No importa si estos lugares son muy concurridos, no es lo mismo una multitud en tu ciudad natal que en cualquier otro lugar del mundo.
Perder el glamour y entregarse al momento, disfrutar del lugar, buscar destinos diferentes que llamen la atención, olvidarse de las luces de las grandes ciudades desarrolladas y huir a Jordania solo para ver la puesta de sol en el valle de la luna. Contemplar un desierto maravilloso que se ha convertido en patrimonio de la humanidad. Visitar a Petra, la ciudad excavada en la roca. Tal vez visitar Alaska para conocer glaciales como el Mendenhall. Edimburgo para vivir de primera mano los maravillosos festivales literarios, o a Reykiavik por única razón de ser la capital de los libros.
No importa si es a Zimbabwe, Newgrange, el cementerio prehistórico irlandés o los templos de piedra de Malta. Lo importante es encontrar un destino diferente siempre, un lugar impresionante donde encontrar cosas que asombren, una cultura rica y particular que abra tu mente y amplíe tus horizontes.
Crear anécdotas para contar, porque los mejores recuerdos son tal vez los que se crean al viajar.


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*Evelyn Zárate Henao es estudiante de segundo semestre en la Facultad de Medicina de la Universidad de El Bosque, en Bogotá, Colombia.