Pobreza y soledad versus afecto: los dilemas de la edad otoñal

Por Juan Manuel Zuluaga Robledo*


La vejez es una de las etapas de la vida a las que siempre le he tenido más respeto, y al evocarla y proyectarme en ella, me da un poco de zozobra, cuando se me vienen a la mente algunas palabras que encontré en una obra tardía de Gabriel García Márquez: soledad, tristeza, pobreza, acompañando ese tiempo en el que nos despedimos de la vida.
Antes de entrar en esta cuestión garciamarquiana, debo decir que siempre he soñado la vejez acompañado de mi esposa, viajando a lugares remotos, conociendo y contemplando otras culturas de las cuales no tenía noticia alguna, y también escoltado por el calor de unos nietos juguetones que se sientan en mis rodillas, mientras les leo los cuentos de Andersen, o la novedad literaria que ya haya sepultado en el olvido a la saga de Harry Potter.

Palabras mas palabras menos, replico consciente e inconscientemente, toda la aureola de bienestar y satisfacción que rodeó a mi abuelo materno, quien fuera como un segundo padre para mí. Supe que luchó toda su vida con la honestidad de su trabajo para procurarse a él mismo y a mi abuela una vejez tranquila. Tuvo la fortuna de disfrutar sus últimos años al lado de su familia, y tuvimos el privilegio compartido -el mío y creo que el de él también-de forjar una amistad entrañable: antes de la enfermedad, era un abuelo bonachón, que no tenia problema para arrojarse al suelo y jugar conmigo a los caballos de carreras, a las competencias de automóviles en las que siempre ganaba yo airoso.
Recuerdo también las deliciosas tardes interminables en las que con su voz de barítono, me leía El Quijote a viva voz, mientras el eco de su narración retumbaba apacible en su habitación. Gracias a él descubrí lo que son los libros y la buena literatura. Gracias a él conocí a García Márquez y a Manuel Mejía Vallejo, autores colombianos, dos de los demonios tutelares que siempre me han acompañado en mis ratos de pleno ocio literario. Recuerdo también que nos inventábamos partidos ficticios de fútbol, que juntos narrábamos en una vieja grabadora más grande y pesada que el Monte Everest.
Ahora bien, algunos pensamos inevitablemente en la vejez cuando vivimos en la madurez de los treinta y pico de años, algunos trabajamos e intentamos con el paso de los años, edificar estos aires otoñales en los que podamos existir tranquilos y sin problemas. Por eso, inexorable, surge en mi mente el modelo de mi abuelo: tuvo la virtud y también desde joven, la suerte de construir una vejez tranquila y apacible, en la que pudo disfrutar de sus nietos y su familia ¿Pero qué pasa con la enorme multitud de ancianos que en el continente americano -incluyo aquí a América Latina y a los Estados Unidos-no logran esas metas en la etapa final de sus vidas?
Muchos resultan aquejados por la pobreza y las jubilaciones irrisorias; otros tantos se encuentran apabullados por la soledad y la ausencia de familia, y otros son víctimas de una tristeza crónica.
El último libro que comentamos y leímos juntos mi abuelo y yo fue Vivir para contarla, aquellas memorables e inconclusas memorias que el premio nobel colombiano dio a conocer dos años después de comenzar el nuevo milenio y que el viejo me regaló cuando alcancé mis veinte años. Recuerdo que casi un año de la muerte de mi abuelo, Gabriel García Márquez publicó Memorias de mis putas triste, el último trabajo novelístico que publicó en vida antes de que lo acosarán los demonios de la desmemoria. Ya no tuve el privilegio de comentarlo con Leoncio, tal como se llamaba el padre de mi madre. Una de las líneas del libro que me hubiera gustado comentar con él, al vaivén de una hamaca en un paraje de tierra tórrida y caliente en el occidente antioqueño -tal y como solíamos hacer-era el pensamiento en primera persona, del nonagenario periodista, protagonista de la historia, que en la decrepitud de su edad, aseguraba que una de las cosas más tristes de la existencia, era vivir solo, pobre y viejo, en una terrible ecuación que me puso los pelos de punta.
Más aún, luego de pensar durante once años esta frase, creo que hay cosas que se salen de nuestras manos y otras que dependen exclusivamente de nosotros. No hay medicina, elixir o filosofía de vida, que nos aleje de la vejez: advertimos las grietas del tiempo cuando nos observamos en el espejo cada mañana. Seremos viejos tarde que temprano, así nos mantengamos jóvenes, así cantemos a viva voz Forever young del otrora joven y ahora viejo Bob Dylan.
No obstante, mi abuelo tuvo el tacto de entablar fuertes relaciones afectivas, de amor, de amistad, con sus hijos, sus nietos y su familia. Por su afecto, por su entrega desmedida a la familia, nunca se quejó en su vida otoñal de soledad. Toda su vida trabajó para ganarse la atención de los suyos. Los abuelos siempre fueron el centro de nuestra vida familiar cada fin de semana, al calor apacible de unos buenos fríjoles con coles. Creo entonces que la soledad y el sentido de familia, se lo granjea uno mismo en nuestros contextos latinoamericanos, caracterizados por el calor humano y nuestra familiaridad. Sin embargo, al estar en contacto con una cultura como la norteamericana, es posible reconocer que la soledad experimentada por los ancianos radica en una cuestión cultural y geográfica. ¿Cuántos adultos mayores en las vastas tierras del norte solo pueden ver a sus hijos una vez al año en el Día de acción de gracias, ya que éstos se ganan el pan a miles de kilómetros de distancia? ¿Cuánto de ellos viven solos en medio de la vida hermética de los asilos?
La pobreza es una cuestión que se escapa de nuestras posibilidades. Cuántos de nuestros abuelos trabajaron toda su vida, sometidos a extenuantes jornadas de trabajo, y cuando llegan a la edad del retiro, debe mal vivir con pensiones de hambre. Cuántos, debido a las pésimas condiciones de trabajo, no tuvieron siquiera la posibilidad de cotizar para una pensión digna. Es inevitable ser viejo, de eso no hay duda. Nadie nos garantiza que en lo tardío de nuestras vividas quedemos alejados de la miseria. Podemos ser víctimas de una crisis hipotecaria, de una enfermedad que deje en cero todos nuestros ahorros. Solo nos queda el afecto, el amor, la amistad. Solo nos queda ser los arquitectos y forjadores de ese afecto, dirigido hacia los nuestros, amigos gratos, hijos entrañables, hermanos de sangre, cónyuges del amor. Puedes ser pobre, viejo, pero rodeado de afecto y depositario del cariño de los tuyos. He ahí la respuesta que le envío imaginariamente al último protagonista que concibió García Márquez en una novela de su autoría y alejar así todo indicio de soledad en la etapa final de mi existencia.   


 ACCEDA A ESTE ENLACE PARA LEER EL ARTÍCULO EN OTRO IDIOMA (inglés/francés)




ENGLISH
Poverty and loneliness versus affection: the dilemmas of age autumn
By Juan Manuel Zuluaga Robledo *

Old age is a stage of life I've always had more respect, and to evoke and project myself into it, I feel a little anxiety when I will come to mind some words that I found in a late work Gabriel García Márquez: loneliness, sadness, poverty, accompanied this time that we said goodbye to life.
Before entering this garciamarquiana question, I must say that I have always dreamed of old age accompanied by my wife, traveling to remote places, knowing and contemplating other cultures which did not have any news, and escorted by the warmth of a playful grandchildren They sit on my lap while I read the tales of Andersen, or the literary novelty that has already buried in oblivion to the saga of Harry Potter.
Words more words less, replied consciously and unconsciously, the whole aura of being and contentment that surrounded my maternal grandfather, who was like a second father to me. I knew I struggled all his life with the honesty of his work to procure himself and my grandmother a peaceful old age. He was fortunate to enjoy his last years with his family, and had the privilege of mine -the shared and I think it too-to forge a close friendship before the illness, was a kindly grandfather, who had no problem to lie on the floor and play with me racehorses, skills car where I always won airy.
I also remember the delicious endless evenings when his baritone voice, read to me Don Quixote loudly, while the echo of his narrative gentle rumbling in your room. Thanks to him I discovered what the books and good literature. Thanks to him I met Garcia Marquez and Manuel Mejia Vallejo, Colombian authors, two of the tutelary demons that have always accompanied me in my moments of full literary entertainment. I also remember that we were inventing fictitious football matches, which together narrábamos in an old larger and heavier than Mount Everest recorder.
Now, some will inevitably think about old age when we live in the maturity of thirty-odd years, some work and tried over the years to build this autumn air in which we can be calm and smooth. Therefore, inexorably arises in my mind the model of my grandfather had the virtue and also from young fortunate to build a peaceful old age, where he could enjoy his grandchildren and his family But what about the huge crowd of elderly people in the Americas -incluyo here to Latin America and the United States-not achieve those goals in the final stage of their lives?
Many are afflicted by poverty and derisory pensions; many others are overwhelmed by loneliness and lack of family, and others are victims of chronic sorrow.
The last book we discussed and read together my grandfather and I was Live to Tell, those memorable and inconclusive reports that the Colombian Nobel Prize unveiled two years after starting the new millennium and the old gave me when I reached my twenties. I remember that almost a year after the death of my grandfather, Gabriel García Márquez published Memoirs of my sad whores, the last fictional work published in his lifetime before they harass the hell of oblivion. I no longer had the privilege to comment Leoncio, as was the father of my mother. One of the lines from the book that I wish to discuss with him the sway of a hammock in a place of steamy and warm in western Antioquia -such as land used to do-was the thought in the first person, the nonagenarian journalist protagonist in history, in the decrepitude of age, he claimed that one of the saddest things in life, was living alone, poor and old, in a terrible equation that made my hair stand on end.
Moreover, after thinking for eleven years this phrase, I think there are things that are out of our hands and others that depend exclusively on us. No medicine, elixir or philosophy of life, that keeps us from old age: we notice the cracks in the time when we look in the mirror each morning. We will be old sooner or later, so we stay young and loudly sing Forever Young once young and now old Bob Dylan.
But my grandfather had the feel of build strong relationships, love, friendship, with your children, your grandchildren and your family. For his affection for his family excessive delivery, he never complained in his autumn life of solitude. All his life he worked to gain the attention of their own. The grandparents were always the center of our family life every weekend, the gentle warmth of good beans and cabbage. So I think the loneliness and sense of family, it garners yourself in our Latin American context, characterized by warmth and our familiarity. However, being in contact with a culture like the US, you may recognize that loneliness experienced by the elderly lies in a cultural and geographic issue. How many seniors in the vast northern lands can only see their children once a year on Thanksgiving, as they earn their living thousands of kilometers away? How much of them live alone in the midst of hermetic life of nursing?
Poverty is an issue that is beyond our means. Many of our grandparents worked all his life, undergoing strenuous working hours, and when they reach retirement age, pensions evil must live with hunger. Many, due to poor working conditions, not even had the chance to contribute to a decent pension. Inevitably be old, there's no doubt. Nobody guarantees that the lateness of our lived Middlesbrough away from misery. We can be victims of a housing crisis, a disease that leaves zero all our savings. We can only affection, love, friendship. We can only be the architects and builders of that affection, facing us, pleasing friends, dear children, blood brothers, spouses of love. You can be poor, old, but surrounded by love and affection depositary of yours. That is the response that I send imaginatively conceived to last García Márquez protagonist in a novel of his own and thus ward off any hint of loneliness in the final stage of my existence.


FRANCES
La pauvreté et la solitude par rapport affection: les dilemmes de l'automne d'âge
Par Juan Manuel Robledo Zuluaga *

La vieillesse est une étape de la vie, je l'ai toujours eu plus de respect, et d'évoquer et projette moi en elle, je me sens un peu d'anxiété quand je viendrai à l'esprit quelques mots que je trouvais dans une œuvre tardive Gabriel García Márquez: la solitude, la tristesse, la pauvreté, accompagnée cette époque que nous avons dit au revoir à la vie.
Avant d'entrer dans cette question de garciamarquiana, je dois dire que je l'ai toujours rêvé de la vieillesse accompagné de mon épouse, de voyager à des endroits éloignés, connaître et contempler d'autres cultures qui ne disposent pas de nouvelles, et escorté par la chaleur d'un des petits-enfants ludiques Ils sont assis sur mes genoux pendant que je lisais les contes d'Andersen, ou la nouveauté littéraire qui a déjà enterré dans l'oubli à la saga de Harry Potter.
Mots plusieurs mots moins, répondu consciemment et inconsciemment, l'ensemble aura de l'être et de contentement qui entourait mon grand-père, qui était comme un deuxième père pour moi. Je savais que je débattais toute sa vie avec l'honnêteté de son travail pour lui-même et ma grand-mère d'une vieillesse paisible procurer. Il a eu la chance de profiter de ses dernières années avec sa famille, et a eu le privilège de la mine -le partagé et je pense que trop de forger une amitié étroite avant la maladie, était un grand-père bienveillant, qui n'a eu aucun problème de se coucher sur le sol et jouer avec moi chevaux de course, les compétences voiture où je toujours gagné aéré.
Je me souviens aussi les délicieuses soirées interminables où sa voix de baryton, m'a lu Don Quichotte bruyamment, tandis que l'écho de son récit doux grondement dans votre chambre. Merci à lui, je découvre ce que les livres et la bonne littérature. Merci à lui, je rencontré Garcia Marquez et Manuel Mejia Vallejo, auteurs colombiens, deux des démons tutélaires qui ont m'a toujours accompagné dans mes moments de divertissement littéraire complète. Je me souviens aussi que nous inventons des matchs de football fictifs qui, ensemble, narrábamos dans un ancien grand et plus lourd que l'enregistreur mont Everest.
Maintenant, certains vont inévitablement penser à la vieillesse quand nous vivons dans la maturité de une trentaine d'années, un certain travail et essayé au fil des années pour construire cet automne air dans lequel nous pouvons être calme et lisse. Par conséquent, se pose inexorablement dans mon esprit le modèle de mon grand-père avait la vertu et aussi de jeunes la chance de construire une vieillesse paisible, où il pourrait profiter de ses petits-enfants et sa famille, mais que dire de la foule immense de personnes âgées dans les Amériques -incluyo ici pour l'Amérique latine et les États-Unis-pas atteindre ces buts dans la phase finale de leur vie?
Beaucoup sont affligés par la pauvreté et les pensions dérisoires; beaucoup d'autres sont submergés par la solitude et le manque de la famille, et d'autres sont victimes de la douleur chronique.
Le dernier livre nous avons discuté et lisons ensemble mon grand-père était et je vivre pour raconter, ces rapports mémorables et non concluants que le colombien prix Nobel a dévoilé deux ans après le démarrage du nouveau millénaire et le vieux m'a donné quand je suis arrivé à mes vingt ans. Je me souviens que près d'un an après la mort de mon grand-père, Gabriel García Márquez publié Mémoires de mes putains tristes, la dernière œuvre de fiction publié dans sa vie avant qu'ils harcèlent l'enfer de l'oubli. Je devais plus le privilège de commenter Leoncio, comme ce fut le père de ma mère. Une des lignes du livre que je souhaite discuter avec lui l'empire d'une hamac dans un lieu de torride et chaleureux dans l'ouest de Antioquia -comme la terre utilisée pour faire était de la pensée à la première personne, le journaliste protagoniste nonagénaire dans l'histoire, dans la décrépitude de l'âge, il a affirmé que l'une des choses les plus tristes dans la vie, vivait seul, pauvre et vieux, dans une équation terrible qui fait dresser les cheveux sur la tête.
En outre, après avoir réfléchi pendant onze ans, cette phrase, je pense qu'il ya des choses qui sont hors de nos mains et d'autres qui dépendent exclusivement de nous. Aucun médicament, un élixir ou philosophie de la vie, qui nous empêche de la vieillesse: on remarque les fissures dans le temps quand nous regardons dans le miroir chaque matin. Nous serons vieux, tôt ou tard, nous avons donc rester jeune et fort chanter Forever Young fois jeune et maintenant âgé de Bob Dylan.
Mais mon grand-père avait l'impression d'établir de solides relations, l'amour, l'amitié, avec vos enfants, vos petits-enfants et votre famille. Pour son affection pour sa prestation excessive de la famille, il ne se plaignait jamais dans sa vie d'automne de la solitude. Toute sa vie, il a travaillé pour attirer l'attention de leur propre. Les grands-parents étaient toujours au centre de notre vie de famille chaque week-end, la douce chaleur de bons haricots et chou. Donc, je pense que la solitude et le sens de la famille, il vous greniers dans notre contexte latino-américain, caractérisé par la chaleur et notre familiarité. Cependant, étant en contact avec une culture comme aux États-Unis, vous pouvez reconnaître que la solitude vécue par les personnes âgées incombe à une question culturelle et géographique. Combien de personnes âgées dans les vastes terres du nord ne peuvent voir leurs enfants une fois par an sur l'Action de grâces, car ils gagnent leur vivant à des milliers de kilomètres? Combien d'entre eux vivent seuls au milieu de la vie hermétique de soins infirmiers?
La pauvreté est une question qui est au-delà de nos moyens. Beaucoup de nos grands-parents ont travaillé toute sa vie, subissant les heures de travail pénibles, et quand ils atteignent l'âge de la retraite, les pensions mal doit vivre avec la faim. Beaucoup, en raison de mauvaises conditions de travail, pas même eu la chance de contribuer à une pension décente. Inévitablement être vieux, il ne fait aucun doute. Personne ne garantit que le retard de notre vécu Middlesbrough loin de la misère. Nous pouvons être victimes d'une crise du logement, une maladie qui laisse zéro toutes nos économies. Nous ne pouvons que l'affection, l'amour, l'amitié. Nous ne pouvons être les architectes et les constructeurs de cette affection, nous sommes confrontés, les amis agréables, chers enfants, frères de sang, les conjoints de l'amour. Vous pouvez être pauvre, vieux, mais entouré d'amour et d'affection dépositaire de la vôtre. Voilà la réponse que je vous envoie imagination conçu au dernier protagoniste García Márquez dans un roman de sa propre et conjurer ainsi tout soupçon de solitude dans la dernière étape de mon existence.


--

  *Juan Manuel Zuluaga Robledo es Comunicador Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana, Magíster en Ciencias Políticas de la misma universidad. Magister en Artes y Literatura de la Illinois State University, donde también fue profesor de español. Actualmente es candidato a doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Missouri. Trabajó como periodista en Vivir en El Poblado en la ciudad de Medellín. Es actualmente director de www.revistacronopio.com