La memoria que nos antecede



  
No sé si te lo he dicho:
mi madre es pequeña
y tiene que ponerse de puntillas
para besarme.
Hace años yo me empinaba,
supongo, para robarle un beso.
Nos hemos pasado la vida
estirándonos y agachándonos
para buscar la medida exacta
donde poder querernos.
(La medida de mi madre. Begoña Abad)

“Una persona es persona a través de otras personas” dice un proverbio zulú y observando la gráfica que antecede este texto, nos preguntamos todo lo que tuvo que pasar para que nuestros padres se conocieran. Las historias de amor, los países y las mudanzas, las peleas remediadas y las ausencias definitivas.
Y todo lo que nos constituye queda al resguardo de la memoria en nuestros mayores, esas personas que pocas veces escuchamos y a las que nuestras obligaciones nos hacen dedicarle cada vez menos tiempo.
Sin embargo, ellos ocupan casas de puertas abiertas, nos esperan, nos contienen. Vuelven a prestar el regazo como cuando una lastimadura nos dañaba de niños.
Y en ese ejercicio de encontrarnos se nos pasa la vida.
Dedicamos esta edición de Esquina revista, a disponer de la quietud y el silencio necesario para escuchar todo lo que nuestros ancianos tienen para decirnos.

Jimena Vera Psaró