Gabo y (casi) todo sobre mi padre

Invitados a publicar// En esta sección compartimos dos textos remitidos por sus autores que dan cuenta del vínculo entre la lectura como puente, y de un refugio propiamente constituido, al leer las interacciones sociales como una trama que perfila identidades desde lo social, cultural y económico. Desde un plano simbólico, refugiarse es saber leer con palabras conocidas, el mundo que nos rodea...

Gabo y (casi) todo sobre mi padre

Por: Martin Alanis*
Dedicatoria: "Martin, es probable que esta sea una de las
mejores novelas del Gabo, de ella aprendí que el amor
es una larga espera. Papá"

Uno tiene ciertas extrañas y misteriosas formas de acercarse a sus padres. Mientras que unos construyen una intimidad explícita desde la infancia, otros abordamos esa figura paterna desde otros ángulos. Fue Gabriel García Márquez el responsable de construir ese espacio tácito que no se necesita más que un par de libros para saberme cerca de papá. 

De niño me queda el recuerdo de un libro que multiplicaba en la biblioteca a medida que pasaban los años. Pensaba que a lo mejor papá olvidaba que ya lo tenía, o que estaba demasiado ocupado como para buscar un ejemplar viejo y compraba uno nuevo. Tapa blanda o dura, de colección o de bolsillo, perdí la cuenta de cuantas ediciones de "Cien años de soledad" hay en casa. Gabriel García Márquez me vio crecer, pero tuvo que esperar 23 años a que su realismo mágico envolvente me lleve a Macondo. A partir de entonces, supe que tenía los pies sobre el suelo. Y que ese suelo, era el cielo. De ahí porque se necesita la magia para explicar las cosas que abundan de lógica en la vida. 

Tras acumular varios intentos frustrados de lectura, postergué "Cien años de soledad" mucho años de mi vida. Papá siempre me recuerda que él lo leyó a los 16, luego -tal como le sucedió con "El amor en los tiempos del cólera"- perdió la cuenta de cuantas veces leyó las obras de Gabriel García Márquez. Yo me frustré, pasé machacándome pensando en que le había fallado a mi padre por 'no poder' leer "Cien años de soledad". Una década después, lejos de esa zona de confort que supone la casa de uno, compré en Buenos Aires mi propio ejemplar de "Cien años de soledad". Extrañaba mucho, echaba de menos a mis padres. Y así como a mi mamá la buscaba en "La casa de los espíritus" de Isabel Allende, mi viejo ya me esperaba sentado en Macondo junto a los Buendía desde años. 

De bruces, caí en el mágico mundo de "Cien años de soledad": devoré cada página como algo exquisito único e irrepetible, pensaba que cada personaje encajaba justo en la historia, admiré la construcción que hacía García Márquez de cada uno de ellos, lloraba con cada despedida, Úrusula Iguarán me conquistó con su manera de ver el mundo aun ciega, y sentí las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia (Quienes me conocen saben que siempre repito como loro que la mejor metáfora que puede existir en el universo es esa nube de mariposas amarillas). En una noche de desvelo pude terminar "Cien años de soledad". Y automáticamente empecé a leer otros libros del Gabo, y a releer otros de otros autores. 

Cuando terminé de leer por primera vez "Cien años de soledad", lo primero que hice fue llamar a papá y decirle "gracias, porque aprendí a leer de nuevo". 

Y ahí entendí casi todo sobre mi padre. Entendí el sentido que le otorgaba a las palabras cuando escribía, pero aprendí también a entender sus silencios. Supe que cuando cerraba los ojos en una milésima de segundo y su boca se transformaba en una media sonrisa, su particular mueca me decía que todo, absolutamente todo tiene su tiempo. Que el tiempo, como los libros, tiene su propio tiempo. Desde ese momento supe que él, mi papá, era un personaje escrito por Gabriel García Márquez. Debe ser por eso que me sentí obligado, apenas me enteré de la muerte del Gabo, de llamarlo y decirle, con quién le anuncia la muerte de un viejo amigo, que esa mente brillante se había apagado. Gabriel García Márquez es más que un Premio Nobel de Literatura, mucho más que un periodista y muchísimo más que un escritor. Gabo supo construir con sus palabras un inquebrantable puente para poder acercarme aún más a papá, de ahí es porque lo voy a querer y extrañar tanto.


*Texto publicado el 23/04/2014 en el portal datarioja.com. 
Martin Alanís, 25 años. Nació en La Rioja pero vive en Capital Federal, Buenos Aires. Se recibió de Licenciado en Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Rioja, trabaja en una agencia de social media y redacta para el portal digital DataRioja. Actualmente se encuentra preparando su primera novela corta.


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ENGLISH

GABO AND (ALMOST) ALL ABOUT MY FATHER

By: Martin Alanis *

One has some strange and mysterious ways of approaching their parents. While some build an explicit privacy since childhood, others boarded the father figure from other angles. Gabriel Garcia Marquez was responsible for building the tacit space that it takes more than a couple of books to know myself near dad.
As a child I recall a book in the library multiplied as the years went left. I thought that maybe Dad forgot he had it, or I was too busy to find an old copy and bought a new one. Soft or hardcover or paperback collection, I lost count of how many editions of "One Hundred Years of Solitude" is in the house. Gabriel García Márquez saw me grow, but had to wait 23 years to your surround magical realism leads me to Macondo. From then on, I knew I had both feet on the ground. And that soil was heaven. Hence because magic is needed to explain things that abound in life logic.
After accumulating several failed attempts to read, I procrastinated "One Hundred Years of Solitude" many years of my life. Dad always reminds me that he read at 16, then-as it happened with "Love in the Time of Cholera" - he lost count of how many times he read the works of Gabriel García Márquez. I got frustrated, spent machacándome thinking that I had failed my father 'can not' read 'One Hundred Years of Solitude. "A decade later, far from that comfort zone which is the home of one, bought in Buenos Aires my own copy of "One Hundred Years of Solitude". She missed, I missed my parents. And as my mom was looking at "The House of the Spirits" by Isabel Allende, my dad and I sat waiting in Macondo with the Buendia for years.
Face down, I fell into the magical world of "One Hundred Years of Solitude": I devoured every page as something exquisite unique-thought each character fit right in the story, I admired the construction that made García Márquez each of them, cried with each bounce, Urusula Iguarán won me over with his way of seeing the world still blind, and I felt the yellow butterflies Mauricio Babilonia (those who know me know that I always repeat like a parrot that the best metaphor that may exist in the universe is that cloud of yellow) butterflies. In a sleepless night I could finish "One Hundred Years of Solitude". And automatically I started reading other books of Gabo, and other rereading of other authors.
When I had first read "One Hundred Years of Solitude", the first thing I did was call my dad and say "thank you, because I learned to read again."
And then I understood almost everything about my father. I understood the sense that granted when he wrote the words, but also learned to understand their silences. I knew that when he closed his eyes in a split second and his mouth was transformed into a half smile, his particular grin told me that absolutely everything has its time. That time, like books, has its own time. From that moment I knew it, my dad was a character written by Gabriel García Márquez. That must be why I felt compelled, I just learned of the death of Gabo, to call and say, who announces the death of an old friend, that brilliant mind was out. Gabriel García Márquez is more than a Nobel Prize for Literature, much more than a journalist and much more than a writer. Gabo able to build his words an unbreakable bridge to approach further dad, that's because I will love and miss you so much.

* Text published on 23.04.2014 on the portal datarioja.com. Martin Alanis, 25 years. Born in La Rioja but lives in Capital Federal, Buenos Aires. He received his Bachelor of Social Communication at the National University of La Rioja, working in an agency of social media and writes for DataRioja digital portal. He is currently preparing his first novella.



FRANCES

GABO ET (PRESQUE) TOUT SUR MON PÈRE

Par: Martin Alanis*

On a quelques façons étranges et mystérieux de se rapprocher de leurs parents. Alors que certains construisent une vie privée explicite depuis l'enfance, d'autres sont montés à bord la figure du père sous d'autres angles. Gabriel Garcia Marquez était responsable de la construction de l'espace tacite qu'il faut plus que quelques livres à me connaître à proximité de papa.
Comme un enfant, je me souviens d'un livre dans la bibliothèque multiplié au fil des ans ont quitté. Je ai pensé que peut-être oublié qu'il avait papa, ou je était trop occupé pour trouver un vieil exemplaire et a acheté un nouveau. Doux ou rigide ou d'une collection de poche, je ai perdu le compte du nombre éditions de "Cent ans de solitude" est dans la maison. Gabriel García Márquez m'a vu grandir, mais a dû attendre 23 ans pour surround réalisme magique me amène à Macondo. A partir de là, je savais que je avais les deux pieds sur terre. Et que le sol était le paradis. Ainsi parce que la magie est nécessaire pour expliquer les choses qui abondent dans la logique de la vie.
Après avoir accumulé plusieurs tentatives infructueuses pour lire, je tergiversé "Cent ans de solitude" de nombreuses années de ma vie. Papa me rappelle toujours qu'il a lu à 16 ans, alors que ce est arrivé avec "L'amour au temps du choléra" - il a perdu le compte de combien de fois il a lu les œuvres de Gabriel García Márquez. Je suis frustré, passé machacándome pensée que je ne avais pas mon père "ne peut pas" lire "Cent ans de solitude". Une décennie plus tard, loin de cette zone de confort qui est la maison de l'un, acheté à Buenos Aires ma propre copie de "Cent ans de solitude". Elle a raté, je ai raté mes parents. Et comme ma mère regardait "La Maison aux esprits" d'Isabel Allende, mon père et je me suis assis en attente dans Macondo avec le Buendia pendant des années.
Face vers le bas, je suis tombé dans le monde magique de "Cent ans de solitude": je dévorais chaque page comme quelque chose unique, exquise pensé chaque personnage bonne personne dans l'histoire, je ai admiré la construction qui a fait García Márquez chacun d'entre eux, se écria avec chaque rebond, Urusula Iguarán m'a conquis avec sa façon de voir le monde encore aveugle, et je ai senti les papillons jaunes Mauricio Babilonia (Ceux qui me connaissent savent que je répète toujours comme un perroquet que la meilleure métaphore qui peuvent exister dans l'univers est que nuage de jaunes) papillons. Une nuit d'insomnie je pouvais terminer "Cent ans de solitude". Et je ai commencé à lire automatiquement les autres livres de Gabo, et autres relecture d'autres auteurs.
Quand je ai eu lu "Cent ans de solitude", la première chose que je ai faite a été appeler mon père et dire «merci, parce que je ai appris à lire à nouveau."
Et puis je ai compris presque tout sur mon père. Je ai compris le sens qui a accordé quand il a écrit les paroles, mais aussi appris à comprendre leurs silences. Je savais que quand il ferma les yeux en une fraction de seconde et sa bouche a été transformé en un demi-sourire, son sourire particulier m'a dit que absolument tout a son temps. Cette fois, comme les livres, a son propre temps. Dès ce moment, je le savais, mon père était un personnage écrit par Gabriel García Márquez. Ce doit être la raison pour laquelle je me sentais obligé, je viens d'apprendre la mort de Gabo, d'appeler et de dire, qui annonce la mort d'un vieil ami, ce brillant esprit était sorti. Gabriel García Márquez est plus qu'un prix Nobel de littérature, bien plus qu'un journaliste et beaucoup plus qu'un écrivain. Gabo en mesure de construire ses paroles un pont incassable pour se rapprocher encore papa, ce est parce que je vais aimer et tu me manques tellement.

* Texte publié le 23/04/2014 sur la datarioja.com portail. Alanis Martin, 25 ans. Né à La Rioja, mais vit dans la capitale fédérale, Buenos Aires. Il a reçu son baccalauréat en communication sociale à l'Université nationale de La Rioja, en travaillant dans une agence de médias sociaux et écrit pour DataRioja portail numérique. Il prépare actuellement son premier roman.