Buscando un símbolo de paz

Por: Marcela Mercado Luna


La palabra refugio es grata y cálida,  quizá porque siempre se tiñe de matices positivos y alimenta la larguísima (por suerte larguísima) lista de sustantivos amables de nuestra lengua. Refugio además conlleva algo de volitivo en su entraña; no es un bien deparado por el simple azar o la suerte: un refugio se busca o se construye.
Es sabido que, para guarecerse de las inclemencias del tiempo, de los animales salvajes, de los enemigos y otras acechanzas, desde tiempos inmemoriales los seres humanos han necesitado de refugios en su andar por la faz de la tierra, a tal punto que sin ellos la supervivencia de la especie se torna difícil de imaginar. Esto, que desde una mirada actual y urbana, puede resultar ajeno, no lo es de ningún modo si nos detenemos a pensar en los muchos refugios que todavía nos salvan de situaciones hostiles.
En “Amadeus” de Milos Forman, vemos a un Mozart aturdido por el altercado que cierta situación suya genera entre su esposa Constance y el padre de éste. En medio de voces cada vez más enardecidas de reproches, el músico retrocede y entra en la habitación que utiliza para componer. Apenas cierra la puerta, la escena se deja invadir por música, sólo música que sale de su mente, lo cubre como una frazada protectora, lo cobija. Sobre la mesa de billar están los papeles de las partituras, la pluma y la tinta. A salvo, en su refugio, sólo necesita hacer uso de un par de herramientas para plasmar un arte celestial que anula los clamores pequeños de la vida doméstica.

¿No sentiste alguna vez que la soledad amenazaba con tragarte aunque estuvieras rodeado de gente? ¿O que la angustia, el desamparo, la tristeza... y hasta el hastío y la insatisfacción crecían hasta convertirse en selvas beligerantes donde hacía falta resguardarse para no perecer?
Los que somos lectores sabemos que nuestra guarida está al alcance de la mano: un libro. Un libro que logre atraparnos.
No hay amargura
que persista
tras seis páginas
de lectura.
Abrir un libro y caminar los senderos por él marcados es vivir otra vida, muchas vidas; es viajar en el espacio y en el tiempo, es meterse en la piel de otra gente (qué importa si es gente ficticia) y asumir sus sueños, anhelos y preocupaciones.
Desde luego, no estoy diciendo que los libros sirvan solamente de quitapenas. Una lectora, un lector acude a ellos porque encuentra placer y goce estético (hablo de la literatura), se regodea con las palabras, hace de cualquier momento una oportunidad propicia para continuar su romance con el texto en cuestión. Pero, si hablamos de refugios, los libros son sin duda, los más eficaces.
En lo personal, tengo muy presentes aquellos libros que me protegieron. Por ejemplo, cuando mi infancia llegaba a su fin en esas vacaciones que separaron la escuela primaria de la secundaria: Aburrida, casi distraída, saqué de un estante de nuestro living Romancero gitano de García Lorca y un mundo en verso descorrió su telón para mí.

Eran las siestas de un verano pegajoso y era también un ventilador de pie que lanzaba aire tibio y sofocaba. Pero... la luna vino a la fragua con su polizón de nardos y Antonio Torres Heredia hijo y nieto de camborios, con una vara de mimbre va a Sevilla a ver los toros.... La siesta riojana se desdibujaba ante mi primera excursión por una Andalucía poblada de gitanos, de amores prohibidos y de guardias civiles. Esos poemas eran leídos una y otra y otra vez como mantras de salvación.
Después, la vida me daría puñetazos más duros que los del golpe de calor. Y hubo libros que evitaron mi derrumbe cuando todo parecía abismo: Sobre héroes y tumbas dulcificó mi primer desengaño amoroso, a pesar de la naturaleza algo depresiva de sus personajes. Y cómo olvidar el amparo que en distintos momentos difíciles, me brindaron La montaña mágica de Thomas Mann (dos tomos de los que no perdí palabra alguna y que me curaron de la melancolía), o El corazón es un cazador solitario de Carson Mc Cullers... Éste último, más que refugio, fue una tabla de salvación en medio de la tormenta, y desde la sexta página no tuve más ambición que escapar de mi mundo y meterme en el barrio del sordomudo John Singer y el de los muchos personajes inolvidables que interactuaban con él.
La lista puede llegar a ser inagotable como inagotables son los desamparos humanos.

Vale la pena internarse en estos refugios. Quien no tiene libros a mano, o se leyó todos los que habitan su hogar, puede acudir a la librerías y mejor aún, a las bibliotecas.
Si el libro es un refugio, la biblioteca lo es doblemente porque además de variados textos, ofrece un lugar físico, un sitio donde permanecer y sentirse a salvo del afuera.
Al igual que esas construcciones circulares que daban amparo a los arrieros en sus arduas travesías por la cordillera, la biblioteca invita a entrar, a sentir tibieza en invierno y frescura en verano, a tomar contacto con la literatura y también, a tener libre acceso a la información que está siempre disponible para quien la requiera.
Una biblioteca popular céntrica como lo es la “Mariano Moreno” de La Rioja, recibe en sus salas a muchos usuarios que no sólo acuden en busca de los libros que ofrecen sus catálogos. Hay quienes llevan los suyos propios y se instalan a leerlos en perfecta armonía con el entorno. Es común además, ver estudiantes, solos o en grupos, con sus apuntes o con sus computadoras portátiles, estudiando, preparando tareas escolares o simplemente usando la clave del Wi Fi para conectarse, enmarañarse en redes y entretenerse un rato.
Las bibliotecas son los refugios urbanos del presente y cada barrio debería contar con una, bien equipada y agradable, con las puertas abiertas para todo aquel que necesite de ese cobijo bienhechor.
A propósito de estos asuntos, quisiera cerrar mi columna con una evocación literaria, que tiene a una biblioteca y a un bibliotecario como elementos esenciales: pertenece a la novela Kafka en la orilla del japonés Haruki Murakami. La historia narra el periplo de un adolescente que huye de casa y se interna en una metrópoli desconocida. Solo e indefenso, este chico encontrará un lugar en el que podrá sentirse a salvo: la Biblioteca “Komura” en las afueras de la ciudad. Allí, el joven bibliotecario Oshima, se acercará a él, lo interrogará sin presionarlo y lo hará sentir bien recibido. El adolescente, llamado Kafka Tamura, pedirá los tomos de las Mil y una noches primero y de ciertas obras clásicas japonesas después. Durante días, la biblioteca y sus volúmenes serán el refugio sin el cual el plan de huir de la casa paterna habría fracasado.
Lectores, libros y bibliotecas se buscan, se encuentran, se hospedan mutuamente. Construyen su símbolo de paz.



Marcela Mercado LunaEs Licenciada en Letras Modernas (UNC) y Profesora de Lengua y Literatura y Latín (IES). Ejerce la docencia de Nivel Superior como profesora del Instituto de Formación Docente de Arte y Comunicación “Alberto Crulcich” en la provincia de La Rioja, Argentina.
Dedicada a la crítica literaria y al periodismo cultural, fue columnista de El Independiente Digital, y colaboró también en medios gráficos y digitales de alcance provincial y nacional. Se desempeñó también como productora, conductora y columnista en distintos ciclos culturales radiofónicos.
Vinculada desde muy joven al quehacer editorial, dirige la Colección “La Ciudad de los Naranjos” de la Biblioteca M. Moreno, además del sello editorial independiente: “Lampalagua Ediciones”, por ella creado.
Parte de su producción literaria (cuentos y poemas), fue publicada en antologías provinciales y nacionales.
Como dirigente bibliotecaria, integra la Comisión Directiva de la Biblioteca Popular “Mariano Moreno”, la más antigua y grande de la provincia. Desde ese espacio se promueve la lectura entre niños, niñas y adolescentes de la ciudad capital y se ha llevado adelante un programa de difusión de la literatura en contextos de encierro.


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ENGLISH

LOOKING FOR A SYMBOL OF PEACE

By: Marcela Mercado Luna



The word refuge is pleasant and warm, perhaps because it is always tinged with positive nuances and nourishes the very long (for lengthy hopefully) friendly substantive list of our language. Refugio also entails some volitional in her womb; is not a good in store for the simple chance or luck: a refuge is sought or constructed.
It is known that, to shelter from the weather, wild animals, enemies and other snares, from time immemorial humans have needed shelter in their walk across the face of the earth, to the point that without them the survival of the species becomes difficult to imagine. This, from a contemporary and urban look, may be alien, is not in any way if we stop to think of the many shelters still save us from hostile situations.
In "Amadeus" by Milos Forman, we see a Mozart stunned by his altercation certain situation generates between his wife Constance and the father of it. Amid increasingly inflamed reproachful voice, musician back and enter the room that used to compose. Just close the door, the scene is invaded by music, just music coming out of his mind, he covers as a protective blanket, the blanket. On the pool table are the roles of sheet, pen and ink. A safe in the shelter, you only need to use a couple of tools to capture a heavenly art cancels small cries of domestic life.

Do not ever feel that loneliness threatened to swallow even if you were surrounded by people? Or that distress, helplessness, sadness ... and even boredom and dissatisfaction grew to become belligerent forests where needed shelter to not perish?
Those who are readers know that our lair is at hand: a book. A book that achieves trap.
No bitterness
persists
after six pages
reading.
Open a book and walking trails marked for him is to live another life, many lives; is traveling in space and time, is getting into the skin of other people (who cares if fictional people) and assume their dreams, hopes and concerns.
Of course, I'm not saying that books only serve quitapenas. A reader, a reader comes to them because they find pleasure and aesthetic enjoyment (I speak of literature), he revels in words, does any time a good opportunity to continue his romance with the text in question. But if we talk about shelters, books are undoubtedly the most effective.
Personally, I have very present those books that they protected me. For example, when my childhood came to an end on that vacation that separated elementary school high school: Bored, almost distracted, pulled from a shelf in our living Gypsy Ballads of García Lorca and a world in verse drew its curtain for me.


It was a sticky summer naps and was also a standing fan that blew warm air and suffocating. But ... the moon came to the forge with his stowaway lilies and Antonio Torres Heredia son and grandson Camborios with a rattan cane going to Sevilla to see the bulls .... La Rioja nap was fading before my first excursion Andalucía populated by gypsies, of forbidden love and policemen. These poems were read over and over and over as mantras of salvation.
Then life would give me harder than heat stroke punches. And there were books that prevented my collapse when everything seemed abyss: On Heroes and Tombs it softened my first heartbreak, despite the somewhat depressing nature of his characters. And how to forget the umbrella in various difficult times, I gave The Magic Mountain by Thomas Mann (two volumes of which I did not lose a word and healed me of Melancholy), or The Heart Is a Lonely Hunter by Carson McCullers. .. the latter, rather than retreat, was a lifeline in the storm, and from the sixth page I had no ambition to escape my world and get in the neighborhood of the deaf mute John Singer and the many unforgettable characters who interacted with him.
The list can be endless and inexhaustible are human distress.

Worth deep into these shelters. Who does not have books by hand, or read all inhabiting your home, you can go to the library and better yet, to libraries.
If the book is a refuge, the library is doubly so because in addition to a variety of texts, provides a physical place, a place to stay and feel safe from the outside.
Like those circular buildings that gave shelter to the carriers in their arduous journeys through the mountains, the library invites them in, to feel warmth in winter and coolness in summer, to make contact with literature and also to have free access to the information is always available to anyone who needs it.

A central public library as is "Mariano Moreno" of La Rioja, get in their rooms to many users not only come for books that offer their catalogs. Some carry their own and are installed to read them in perfect harmony with the environment. It is common also see students, alone or in groups, with their notes or their laptops, studying, preparing homework or simply using the key Wi Fi to connect, entangled in nets and entertained for a while.
Libraries are urban refuges of this and every neighborhood should have a well-equipped and pleasant, with the doors open to anyone who needs shelter that benefactor.
With regard to these issues, I would close my column with a literary evocation, which has a library and a librarian as essential elements belongs to the novel Kafka on the Shore of the Japanese Haruki Murakami. The story chronicles the journey of a teenager who runs away from home and enters an unknown metropolis. Alone and helpless, this guy find a place where you can feel safe: the Library "Komura" on the outskirts of the city. There the young librarian Oshima, will approach him, ask without pushing and make you feel welcome. The teenager, named Kafka Tamura, asked the volumes of the Thousand Nights and certain after first Japanese classics. For days, the library and its volumes will be the refuge without which the plan to flee the family home would have failed.
Readers, books and libraries are searched, found, staying another. Build your peace symbol.


FRANCES

RECHERCHE D'UN SYMBOLE DE LA PAIX

Par: Marcela Mercado Luna



Le mot refuge est agréable et chaleureux, peut-être parce que ce est toujours teintée de nuances positives et nourrit la très longue (pour long espère) liste plein de fond de notre langue. Refugio implique également une certaine volontaire dans son sein; ne est pas un bon en magasin pour la simple hasard ou la chance: un refuge est demandée ou construit.
On sait que, à l'abri des intempéries, animaux sauvages, ennemis et autres pièges, depuis des temps immémoriaux les humains ont besoin abri dans leur marche à travers la face de la terre, au point que, sans eux la survie de l'espèce devient difficile à imaginer. Ce, à partir d'un look contemporain et urbain, peut être étranger, ne est en aucune façon, si nous nous arrêtons de penser aux nombreux abris encore nous sauver de situations hostiles.
Dans "Amadeus" de Milos Forman, nous voyons un Mozart stupéfait par son altercation certaine situation génère entre sa femme Constance et le père de celui-ci. Au milieu de ton de reproche de plus en plus enflammée, musicien arrière et entrer dans la salle qui a utilisé pour composer. Il suffit de fermer la porte, la scène est envahie par la musique, la musique tout juste de sortir de son esprit, il couvre comme une couverture de protection, la couverture. Sur la table de la piscine sont les rôles de la feuille, plume et encre. Un coffre-fort dans l'abri, il vous suffit d'utiliser quelques outils pour capturer un art céleste annule petits cris de la vie domestique.

Ne jamais se sentir menacé que la solitude à avaler, même si vous étiez entouré par les gens? Ou que la détresse, d'impuissance, de tristesse ... et même l'ennui et le mécontentement a grandi pour devenir forêts belligérants en cas de besoin un abri pour ne pas périr?
Ceux qui sont des lecteurs savent que notre antre est à portée de main: un livre. Un livre qui réalise piège.
Aucune amertume
persiste
après six pages
lecture.
Ouvrez un livre et sentiers balisés pour lui la marche est de vivre une autre vie, de nombreuses vies; se déplace dans l'espace et le temps, est d'entrer dans la peau d'autres personnes (qui se soucie si les gens fictifs) et d'assumer leurs rêves, leurs espoirs et leurs préoccupations.
Bien sûr, je ne dis pas que les livres ne servent Quitapenas. Un lecteur, un lecteur vient à eux parce qu'ils trouvent plaisir et la jouissance esthétique (je parle de la littérature), il se délecte de mots, ne importe quel moment une bonne occasion de poursuivre sa romance avec le texte en question. Mais si nous parlons de refuges, les livres sont sans doute le plus efficace.
Personnellement, je ai très présents ces livres qu'ils me protégeaient. Par exemple, lorsque mon enfance a pris fin sur ces vacances qui séparait l'école primaire école secondaire: Bored, presque distrait, tiré d'une étagère dans nos vivant Gypsy Ballads de García Lorca et un monde en vers tirait son rideau pour moi.

Ce était un collantes siestes d'été et était aussi un fan permanent qui soufflait de l'air chaud et étouffant. Mais ... la lune est venu à la forge avec ses nénuphars gigognes et Antonio Torres Heredia fils et petit-fils Camborios avec une canne en rotin aller à Séville pour voir les taureaux .... La Rioja sieste a été la décoloration avant mon premier excursion Andalucía peuplée par des gitans, d'amour et de policiers interdite. Ces poèmes ont été lus et relus et plus que mantras du salut.
Puis la vie me donnerait plus difficile que poinçons de coup de chaleur. Et il y avait des livres qui ont empêché mon effondrement Quand tout abîme: Le Héros et Tombes il ramollies mon premier chagrin, malgré la nature quelque peu déprimante de ses personnages. Et comment oublier le parapluie dans divers moments difficiles, je ai donné La Montagne magique de Thomas Mann (deux volumes dont je ne ai pas perdu un mot et m'a guéri de la mélancolie), ou le cœur est un chasseur solitaire par Carson McCullers. .. Ce dernier, plutôt que de retraite, était une bouée de sauvetage dans la tempête, et à partir de la sixième page je ne avais pas l'ambition d'échapper à mon monde et obtenir dans le quartier du sourd-muet John Singer et des nombreux personnages inoubliables qui interagit avec lui.
La liste peut être infinie et inépuisable sont la détresse humaine.

Worth profondément dans ces abris. Qui n'a pas de livres à la main, ou de lire tous habiter votre maison, vous pouvez aller à la bibliothèque et, mieux encore, à des bibliothèques.
Si le livre est un refuge, la bibliothèque est doublement car en plus d'une variété de textes, fournit un lieu physique, un endroit pour rester et se sentir en sécurité de l'extérieur.
Comme ces bâtiments circulaires qui abritèrent les transporteurs dans leurs pénibles voyages à travers les montagnes, la bibliothèque les invite, à sentir la chaleur en hiver et la fraîcheur en été, de prendre contact avec la littérature et aussi d'avoir libre accès à l'information est toujours disponible pour quiconque en a besoin.

Une bibliothèque publique centrale comme ce est "Mariano Moreno" de La Rioja, obtenir dans leurs chambres à de nombreux utilisateurs de ne pas venir seulement pour les livres qui offrent leurs catalogues. Certains portent leur propre et sont installés pour les lire en parfaite harmonie avec l'environnement. Il est fréquent voir aussi les étudiants, seuls ou en groupes, avec leurs notes ou leur ordinateur portable, l'étude, la préparation des devoirs ou simplement en utilisant la touche WiFi pour se connecter, empêtré dans les filets et de se divertir pendant un certain temps.
Les bibliothèques sont des refuges urbains de cela et chaque quartier doivent avoir une bien équipée et agréable, avec les portes ouvertes à toute personne qui a besoin d'abri qui bienfaiteur.
En ce qui concerne ces questions, je fermais ma colonne avec une évocation littéraire, qui dispose d'une bibliothèque et d'un bibliothécaire comme des éléments essentiels appartient au roman Kafka sur le rivage de la Haruki Murakami japonais. L'histoire raconte le voyage d'un adolescent qui se enfuit de la maison et entre dans une métropole inconnue. Seul et sans défense, ce gars trouver un endroit où vous pouvez sentir en sécurité: la Bibliothèque »Komura" à la périphérie de la ville. Là, le jeune bibliothécaire Oshima, se approcher de lui, demandez sans pousser et vous faire sentir les bienvenus. L'adolescent, nommé Kafka Tamura, a demandé aux volumes des Mille Nuits et certains après les premières classiques japonais. Pendant des jours, la bibliothèque et ses volumes seront le refuge sans laquelle le plan de fuir la maison familiale aurait échoué.

Les lecteurs, les livres et les bibliothèques sont recherchées, a trouvé, en restant une autre. Construisez votre symbole de paix.