Juguetes y cuestión de género

Género en nivel inicial, un tema a cuadrillé

Nota y fotos : Jimena Vera Psaró


La Rioja, un Jardín de Infantes, Siglo XXI. Todo era rosas, cuando en el acto por el Día de la Madre, la sala de 4 recitó un poema: “Mi casa es un nidito, la cuida mi mamá: cocina, lava, plancha y limpita siempre está. Papito nos protege, trabaja sin cesar y todos los domingos salimos a pasear”. Epa. Un choque de frente evidenciaba que el modelo  de roles se colaba a viva voz para perpetuarse en la salita y el público aplaudía emocionado. Bueno, casi todos.
Miro a los costados y no encuentro a “papito”… ¡cierto!: trabaja sin cesar. Pero tampoco está al lado de la mujer que mira la hora porque el acto se hace largo y pidió permiso en la oficina. Mamita no está lavando el nidito en la mente del señor que todos los días trae a su hijo caminando y lo espera hasta la salida en la puerta y después van a buscarla en la casa en donde ella trabaja. Al fin termina. Una vez en casa, le pido a mi hija que me repita la poesía. Le leo los labios y trato de entender si a sus ojos soy esa mamá o la suma de muchas otras con las que convive en el desorden, en el apuro por cumplir un horario, en la comida de vianda o la que encuentra como pareja de su papá.
Luego fue el mensaje de llevar ropa de mamá: tacos, collares, vestidos  las nenas y de papá: camisas, corbatas, zapatos los nenes para hacer un juego de roles por el Día de la Familia. Hija aclara: “vamos a ir a la salita de arriba para hacer de vos (madre) que es la que tiene heladerita y cocinita para que juguemos nosotras”.  No pude evitar decirle a la señorita: “oiga!: cocinita – heladerita – escoba, no son espacios que me representen”.  Tengo la ilusión de trascender en la mente de mi descendencia por lo que soy, con gustos, preferencias, trabajos y personalidad definida. Y además no me veo preparando el almuerzo en la cocina de tacos y alhajas, adornadita.

Queremos celeste
Mirar desde una perspectiva de equidad propone oportunidades y experiencias que tiene más que ver con todo lo que se excluye cuando se encasilla una actividad premoldeada desde lo masculino o lo femenino. Las nenas pueden jugar con ladrillitos y ser Zaha Hadid, los nenes pueden experimentar con alimentos y ser Ferran Adrià, a los cuatro y cinco años lo bueno es precisamente eso: se puede experimentar con todo. Si las oportunidades no se coartan.
Discursivamente es muy fuerte que desde las instituciones se refuercen modelos y prejuicios ya que sugieren roles y una forma de apropiarse de este mundo que están conociendo con restricciones en la libertad de elegir. Reducir las opciones en preescolar es una carga demasiado pesada y es responsabilidad del jardín cuando adopta estas formas como parte del plan de estudio. Tampoco se puede ir por la vida contradiciendo cada actividad que propone el jardín y creando un conflicto de autoridad si se rebate abiertamente la palabra santa de la señorita. Queda ofrecerle opciones que compensen, queda decirles que lo otro también está bien, que es cuestión de gustos.


Espacios de-limitados

Tras las vacaciones, la primera reunión de padres, nuevos directivos, un discurso amarillento y gastado con muchas frases terminadas en diminutivo. Llueve. Perfecto: pasamos a las salas a conocer a la nueva señorita.  Pienso en que nunca encontré un maestro jardinero. Recuerdo a Nicolás, mi vecino que no se animó a estudiar esa carrera. Nicolás es ahora policía, de Investigaciones. La docente nos presenta el “rincón de roles”. ¡Ahjá! Ese espacio de 2x2 metros, al que se accede por el aire que queda entre la cuna, la heladerita y la cocinita. El rincón de roles encierra literalmente una maternidad doméstica. También tiene el baúl para disfrazarse. En cambio, el espacio de construir, jugar con bloques, rodar autos y trepar excede a toda la sala. Se puede en cualquier parte, sobre la mesa, en la alfombra, en el piso. No hay baldosas que lo enmarquen. La biblioteca y el rincón de arte están más lejos, equidistantes. Es de limitados no abrir el juego.
Nos entregan la lista de materiales, en el apartado juguetes para llevar, colaborar y ampliar la ludoteca se menciona explícitamente: “Nenas: bebotes, batería de cocina, bijouterie, peluches…”; “Nenes: autitos, bloques de construcción, herramientas, soldaditos…”.
Miro la caja de juguetes que hay en casa y me alegra ver todo eso mezclado, que use ropa del color que quiera, oscura, negrísima, dark… que sepa patear penales y ansíe andar en patineta… que otro día se pinte como una puerta y se pegue brillos en la cara, que la barbie muera decapitada y desnuda en un charco de barro o desfile con el más alto glamour y que la realidad que ella construya no sea la de una mujer objeto tratando de amoldarse a las normas: que se busque y se encuentre.
Las líneas rosas y celestes todavía no se cruzan ni en el cuadrillé del uniforme, ni en el forro del cuaderno de comunicaciones y la cuestión de género sigue teniendo mucha tela para cortar.
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Esta nota fue publicada originalmente en el Semanario Digital DataRioja. www.datarioja.com.ar en marzo 2012
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Ilustra esta nota:

Campaña por un juguete no sexista 

(INADI - Coop. Amalaya!)




La delegación La Rioja del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) conjuntamente con la Cooperativa de Trabajo en Comunicación Amalaya realizaron la campaña por un juguete no sexista ni violento. 
Esta actividad, destinada a prevenir la discriminación por razones de género, busca interrogar sobre los aspectos de la simbolización cultural de la diferencia sexual. Bajo la pregunta ¿Qué regalar?, la iniciativa plantea, regalar juguetes no sexistas, juguetes no violentos, regalar experiencia y regalar tiempo.