Herencia a la vuelta de la esquina



Por: Ángela María Marroquín Garzón. 

Recuerdo que siendo niña íbamos a un territorio “gigante” en medio del barrio, lugar donde alegremente obtuve, la mayoría de golpes y cicatrices, típico de un personaje inquieto; fue allí donde interactué con mi familia, con otros niños y sus padres para luego… llamarles vecinos y amigos. Fue predilecto lugar de convivencia, que visitaba antes… durante… y después de, suplir necesidades básicas. Lo dejaba de lado sólo cuando recordaba que había que comer, ir al baño o era de noche, difícilmente ante algunos deberes.

En medio de un territorio árido, florecido o empantanado… disfrutábamos de todo… todo fenómeno natural; el sol, el viento, la lluvia, el frío o el calor. Las hojas, las piedras, las mascotas, las canecas, los caminos; con poco o con mucho… no importaba la extensión del espacio, cada fragmento de por sí, era valioso. No había problema en ir solo o acompañado, allá se encontraba la compañía, era entonces el mejor punto de encuentro y de reunión.

Definitivamente fue el espacio y la etapa donde desarrollé el mayor estado físico, todo era un pretexto para saltar, correr, rodar, escalar; esconder, girar, colgar,  equilibrar. Cada elemento de extremo a extremo como: el árbol, la montaña, la silla, la cancha… el rodadero, el columpio, la rueda, el balancín, tuvo un sentido y faceta diferente; se hicieron casa, castillo, avión, barco y hasta platillo volador.

Son todos memoria y recuerdos hasta fotográficos, dónde contemplaba niños, jóvenes, adultos, adultos mayores; algunos serenos, sentados, cuidando de otros o  dinámicos ejercitándose, haciendo lo mismo que yo; todos en condición de igualdad, a pesar de los años, los estratos, las experiencias y/o los títulos.

De joven el parque tuvo un sentido y significado distinto, el espacio “de los niños”, ahora era un territorio más… solitario y abandonado, visitado en la noche, para probar lo prohibido, experimentar lo no vivido e interactuar con quién menos piensas. Lugar público hecho propiedad privada, dónde se perdía la conciencia, no solo por el desperdicio.

Siendo adulta, fue un lugar contemplado en la distancia, visto presurosamente, visitado eventualmente para hacer ejercicio; pero ya no encontraba a las personas, los elementos, las alegrías que recordaba en mi infancia… más bien, hallaba muchos y tantos tipos de residuos orgánicos e inorgánicos.

Son parques naturales, acuáticos, de atracciones, diversiones; temáticos, zoológicos, infantiles, para bebes y urbanos… en medio de jardines, bosques, selvas y cemento; verdes, grises y multicolor. Privados y públicos, con boletas, combos y gratuitos… algunos reconocidos, poco conocidos y muchos más invisibilizados.

Ahora los valoro más que antes… quizás, por verlos y saberlos tan ajenos, porque he pensado en lo hecho y lo dejado de hacer, porque crezco en vivencias y en una conducta “infantil” que considera el juego y la recreación como una necesidad básica, un derecho de la familia entera, de los vecinos, de la comunidad.

Porque amo la libertad y no el encarcelamiento, disfrutar con la mera presencia, con una inversión de tiempo y fantasía más que de dinero, para ejercitar además del cuerpo, la mente, los sentimientos y contemplar el entorno leyendo las nubes, los árboles, el ruido y el silencio.

Yo también dejé los parques con residuos y peligros, deje una mala herencia en vida, hice creer y me creí el cuento… de que es una zona de peligro pero el peligro no es el lugar, somos nosotros mismos. Ahora reconozco que no hay mejor zona de recreación y descanso, donde se aprende a ejercitar los sentidos para ver, oír, oler, gustar, palpar y en consecuencia, disfrutar de la interacción del hombre con el entorno, la tierra, el aire, el agua, los animales y las plantas, casi todo… en el parque, a la vuelta de la esquina.


Ángela María Marroquín G
Ha sido docente universitaria por más de 14 años, Licenciada en Artes Plásticas de la Universidad de la Sabana, diplomada en gestión cultural y Administradora de negocios. 


Traducción del artículo en idioma INGLÉS:



HERITAGE JUST AROUND THE CORNER
By: Angela Maria Marroquin Garzón.

I remember as a child going to a "giant" territory in the middle of the neighborhood, where happily got most of bumps and scars, typical of a restless character; It was there that I interacted with my family, with other children and their parents ... then call them neighbors and friends. It was a favorite haunt of living, visiting before ... during ... and after, meet basic needs. The left side only when he had remembered eating, toileting or was dark, hard to some duties.

In the middle of an arid, flowered or enjoying bogged territory ... all ... all natural phenomena; sun, wind, rain, cold or heat. The leaves, stones, pets, cans, roads; with little or a lot ... no matter the extent of space, each fragment itself was valuable. There was no problem in going alone or with others, beyond the company was, was then the best meeting point and assembly.

It was definitely space and developed stage where the greatest fitness, it was an excuse to jump, run, roll, climb; hide turn, hang, balance. Each element from end to end as the tree, the mountain, the chair, the court ... the rodadero, the swing, the wheel, the rocker had a meaning and different facet; house, castle, plane, boat and even flying saucer were made.

They are all photographic memory and memories to where watching children, youth, adults, seniors; some serene, sitting, caring for others or dynamic exercising, doing what I; all on an equal footing, despite the years, strata, experiences and / or titles.

Young the park had a meaning and significance than the space "kids" now was a territory more ... lonely and abandoned, visited at night, to test the forbidden, experience matters not lived and interact with some less you think. Made public place private property, where the consciousness was lost, not only for waste.
Being an adult, was a place referred to in the distance, seen hurriedly eventually visited for exercise; but found no people, items, joys remembered from my childhood ... rather, was many and many types of organic and inorganic waste.

They are natural, water, parks, amusement parks; theme parks, zoos, children, for babies and urban ... in gardens, forests, jungles and cement; green, gray and multicolored. Private and public, with ballots, combos and complimentary ... some recognized, little known and many more invisible.

Now I value more than before ... maybe see them and know them as alien, because I've thought about what was done and left undone, because I grow in experience and in a "childish" behavior that considers the play and recreation as a basic need a right to the whole family, neighbors, community. Because I love freedom and imprisonment not enjoy the simple presence, with an investment of time and imagination rather than money, to further exercise the body, mind, feelings and admire the surroundings reading the clouds, trees, noise and silence.

I also left the parks with waste and hazards, leave a bad legacy in life, I believe and I thought the story ... that is a danger zone but the danger is not the place, we are ourselves. Now I know that there is no better area for recreation and relaxation, where you learn to exercise your senses to see, hear, smell, taste, touch and consequently enjoy human interaction with the environment, land, air, water, animals and plants, almost everything ... in the park, just around the corner.