La gente que adorna las ciudades

Texto por: John Mayshash
Fotos: José Luis Castañeda de Colombia, Fabio Ramírez Buelvas de España y John Mayshash.

Vivimos en ciudades que nos reclaman reconciliarnos con las mismas, nos invitan a restablecer la relación espacio-persona y sentirla como propia, pero, nos volvimos indiferentes y parece que ya nada nos afecta, ni lo bueno ni lo malo que acontece en ellas.
Afortunadamente, en los espacios públicos, los que muchas veces frecuentamos para distraernos, buscar un esparcimiento momentáneo, una distracción fuera del computador de oficina o el estrés de un encierro riguroso entre limitados cubículos, encontramos un caleidoscopio callejero. Los artistas empíricos, los improvisados actores de la calle, los talentos explorados por la necesidad y el rebusque en una economía cada vez más estrecha.

Estos, los Chaplin, los reyes, los campesinos cafeteros que emulan a Juan Valdez, decorados con oro y plata como aquellos que capote en mano hacen la faena de su vida, las estatuas vivientes, los silentes actores de las esquinas, las calles, las avenidas, los centros comerciales, para quienes se escribe este artículo como un homenaje a su aporte cultural. Ellos, superando todo obstáculo social, nos distraen, nos hacen ameno cualquier corto momento de nuestra vida cotidiana, con sus túnicas, sus maquillajes, sus vestidos multicolores, y su necesidad disimulada por su propia actividad.

Una cultura callejera que pese a las inclemencias del tiempo, no perturba a estas estatuas; que solo una moneda las hacen cambiar de posición que para ellos, es un descanso oportuno. Ya pareciera que son patrimonio de la ciudad y parte del paisaje urbano, lo cierto, es que a pesar de sus necesidades económicas, estos actores han descubierto su compromiso consigo mismos, con los ciudadanos, y por qué no, con el entorno. Son artistas, aunque independientes y autónomos, valiosos para una sociedad cansada de atropellos, robos y atracos en esas mismas calles donde estos actúan; sin causarle mal a nadie.

Las estatuas vivientes, el teatro momentáneo, la historia individual de una persona muda por conveniencia, la persona que no conocemos pero que nos es familiar por ratos, ese a quien usted no saluda, pero a quien gustoso le regala una moneda, es un actor de la vida como usted y como yo, cada uno en su papel.
Derechos reservados: Esquina Revista.





Traducción del artículo en idioma inglés:

ENGLISH
PEOPLE DECORATING THE CITIES
By: John Mayshash

We live in cities who claim we reconcile with them, invite us to restore the spatial-person relationship and feel it as their own, but we became indifferent and seems that nothing affects us, neither good nor bad happens to them. 
Fortunately, in public spaces, which we frequent often to distract us, look for a momentary entertainment, a distraction outside the office computer or the stress of rigorous imprisonment between limited cubicles, found a stray kaleidoscope. Empirical artists improvised street entertainers, talents explored the need and moonlighting in an increasingly tight economy. 
These, of Chaplin, the kings, the coffee farmers that emulate Juan Valdez, decorated with gold and silver as those who cloak in hand do the job of his life, living statues, silent actors corners, streets, avenues, shopping malls, for whom this article is written as a tribute to his cultural contribution. They, overcoming all social obstacles, distract us, make us entertaining any short moment of our daily lives, in their coats, their makeup, their colorful costumes, and their need concealed by its own activity. 
A street culture that despite the weather, does not disturb these statues; only make a coin change position for them is a welcome break. Now it seems that are the heritage of the city and part of the urban landscape, the truth is that despite their economic needs, these actors have found their commitment to themselves, the public, and why not, with the environment. They are artists, although independent and autonomous, valuable to a society tired of assaults, robberies and burglaries in the same streets where they act; without causing harm to anyone. 
The living statues, the momentary drama, the story of a single person moving for convenience, the person you do not know but we are familiar at times, that to whom you do not greet, but who willingly gives him a coin, is an actor life like you and I, each in his paper. 
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