Infancia/ Oscura, oscura muerte



14 de abril de 2019. Hacía mucho frío. Se había hecho la noche y Sabina no regresaba del kiosco. Un alerta de boca a boca entre vecinos y vecinas del Barrio Virgen Desatanudos organizó una búsqueda espontánea, con linternas y la luz de los teléfonos, porque la Policía no llegaba. Más de dos horas y la Policía no llegaba a buscarla.

Dentro de ese lapso interminable de angustia alguien divisó entre matorrales el cuerpito de Sabina. Sin vida, lo que se tomó por objeto de uso y abuso. Lo que el patriarcado enseñó por siglos que se podía hacer con las mujeres.

El sometimiento y la crueldad en una niña de once años a la que su maestra recuerda por la calidez de sus abrazos , a la que la Biblioteca Popular recuerda por su interés por la lectura en una visita que hizo con la Escuela, a la que sus pares de La Poderosa retratan riendo, jugando fútbol, corriendo una maratón, hamacándose, haciendo fotos y apenas un mes antes de su femicidio, sosteniendo un cartel al grito de “urbanización ya” tras la última inundación en el barrio que dejó precarizada la existencia.

A Sabina Condorí Garnica le gustaba aprender, soñaba con enseñarles a leer y escribir a sus padres. Sus seños´ la recuerdan por su voz dulce, por sus cuadernos prolijos e impecables, por lo mucho que le gustaba hacer las tareas.  Su papá trabaja en la cosecha. Su mamá está embaraza. Ella y la mayoría de sus hermanos nacieron en Bolivia, como sus padres. Los tres más pequeñitos son riojanos.

Sabina había salido de su casa a las 19 horas, los vecinos la encontraron cerca de las 23. Más tarde llegó la Policía, entre un nefasto combo de patrulleros, motos, la morguera y medios de comunicación sensacionalistas que transmitían en vivo el dolor ajeno.  La Policía puso las cintas y la distancia. La gente no se movía del lugar. Helaba. Se abrazaban.

A un mes
14 de mayo de 2019. Un mes después del femicidio de Sabina, su madre, su familia, su barrio convocaron a una marcha de antorchas. Todo se desarrolló en un radio de doscientos metros, donde el hogar de los Condorí Garnica fue el epicentro de todo lo que la recuerda. A menos de 200 metros de su casa, está el kiosco al que fue a comprar y no volvió, a menos de 200 metros de su casa, está el baldío en donde la encontraron. A menos de 200 metros tuvo la desgracia de cruzarse con sus victimarios. A más de 200 metros llega un poquito de luz de un reciente y lejano alumbrado público.
La marcha transcurrió por las calles de tierra, había charcos que cubrían toda la calle desde una casa hasta la del frente. No hay veredas, estaba oscuro. Algunos postes de madera si están ahí, pero vacíos, testigos verticales de la falta de respuesta. La columna de la marcha se hizo finita, dio  saltitos. En la esquina de la casa de Sabina un fogón esperaba para concentrar tras la marcha y recibir en esta otra oscura noche a las personas con tortilla, pan, algo para comer.

Estremece escuchar la voz cantante de esta marcha. Un gran número de niños y niñas de barrio elevan en grito poderoso el nombre de Sabina y el pedido de justicia. Hicieron antorchas con botellas plásticas, las pintaron. Ahora sostienen esa lucecita desandando los mismos pasos que Sabina hizo la última vez que caminó por su barrio.

Cuando concluye la marcha un patrullero estacionó a media cuadra del fogón. Dejó las luces azules titilando cerca del fondo de la casa de Sabina. Con los faros delanteros iluminaban un poco la calle. Esa luz, más la del fogón, más la de las antorchas, un poco de luna, un vecino que puso dos reflectores en el frente y fondo de su casa pero que no puede asumir el costo de dejarlos encendidos todo el tiempo y pagar el alto consumo eléctrico.

“Si no fuera por el fogón, o si apagan la luz del patrullero, esta parte es toda oscura” dijo alguien. Y es una metáfora. Un fogón que fue encendiendo velas de mano en mano en la marcha, que abriga al calor de sentirse acompañados, juntos, caminando, exigiendo justicia.

La Policía que llega tarde y distante. Que está estacionada e inmóvil. Que ilumina desde lejos lo que queda, de algo muy muy oscuro. Desde donde estábamos de pie hasta el patrullero había niños y niñas en la calle que se acompañaban jugando tras la marcha. Se divisaban apenas a contraluz sus siluetas. Sombras que saltan charquitos, que corren con los numerosos perros del barrio.

Pasaron las horas, se hizo tarde pero seguíamos ahí de pie. Trajeron agua para apagar el tronco que ardía en el fogón, porque hay que hacer espacio en la calle para que pase el camión recolector de residuos. “Antes no pasaba” dice una mujer. Dos semanas después del asesinato un servicio público llegó recién al barrio. Por la calle Alcira Luengas, está la última parada del colectivo de la línea 2.
Es cada vez más invierno y nada ha sacudido al Estado responsable.

Mientras tanto, a la luz de las velitas que no se apagan por el brillo de los ojitos de Sabina cuando sonreía, por el derecho de cada niña a salir y volver de su casa sin que nadie las mate, seguiremos de pie, buscándote Sabina. En la Justicia que nos falta.



*Por: Jimena Vera Psaró

Infancia/ “PALABRAS PARA SABINA”

* Por Claudia Korol.
Texto extraído de la Publicación en Facebook La Garganta Poderosa del día 17 de abril de 2019


Te escribo Sabina, con el lenguaje ancestral de la rabia. Te escribo con letras que no saben cómo nombrar tu ausencia. Te escribo con el dolor de no conocerte, más que por tu rostro y tu sonrisa radiante, que multiplican la furia y la ternura de quienes te amaron.
Cuando te asesinaron, Sabina, en un barrio olvidado de La Rioja que lleva el nombre de la Virgen Desatanudos, cuántos nudos atraparon inmediatamente nuestros modos de resistir y soñar.
Cuando te asesinaron, Sabina, en un barrio sin luz, donde tus ojitos curiosos brillaban poderosos, cuánta energía necesitamos desde entonces para sostener la mirada, la tuya, que nos reclama cómo es ese Ni Una Menos que cantamos por las calles tantas veces, que nos pregunta por qué nos cuesta tanto, pero tanto, concretarlo.
Cuando buscamos respuestas a las muchas preguntas que nos hace tu ausencia, llueve furia a montones, y una tormenta que parece no acabar nunca inunda nuestros corazones, nuestros sueños, nuestras rebeldías.
Sabina Condorí Garnica, llevás en tu apellido el nombre del pájaro que vuela más alto, el que junta más fuerza. Y toda la fuerza del cóndor necesitaremos, Sabina, para que no caiga nuestro vuelo colectivo, el de todas las Sabinas, los Kevin, las niñas y niños que nos faltan.
Gritamos Justicia para vos, Sabina, sabiendo que nunca habrá la justicia necesaria. ¿Qué justicia puede haber para una niña de once años, violentada hasta la muerte? De verdad pregunto. ¿Cuál será esa justicia? ¿Quién te devolverá al juego, a tus ganas de ser poderosa, a tu deseo de alfabetizar a tus padres y a quienes lo necesiten en el barrio?
Apenas podemos exigir –y lo hacemos- como una débil justicia, la prisión de los criminales, de quienes cortaron tu vuelo breve. Justicia también es iluminar el barrio. Justicia es urbanizarlo, tal como lo exigieron siempre las vecinas, los vecinos, la Claudia, y las tantas mujeres que marchan ahora en las calles de tierra pateando las piedras del camino, con muchas ganas de lanzarlas hacia todos esos politiqueros, policías, jueces, que nunca están, que nunca llegan, que no supieron, que no pudieron, que no quisieron encontrarte.
Justicia Sabina, será tal vez que otras niñas como vos puedan caminar sin miedo. Que no llenen de pesadillas sus sueños. Que otras mamás como la tuya no muerdan cada día la angustia por sus hijas, por sus hijos, amenazadas y amenazados, vulnerables. Justicia será que los diputados y diputadas dejen de discutir como bajar la edad de imputabilidad de jóvenes, y se hagan cargo de los crímenes que cometen cuando permiten que los barrios sigan siendo territorios de muerte. Si se trata de cambiar el Código Penal, bueno sería terminar con la impunidad de los politiqueros que administran las políticas del mal vivir y del siempre morir. Justicia será que se callen los productores seriales de noticias de la prensa amarilla, de las columnas rojas, de quienes buscan primicia en el dolor.
Justicia, Sabina, será que tus padres finalmente aprendan a leer y escribir, así como vos querías enseñarles, y que también lo hagan todas las personas que en nuestros territorios, quedaron fuera de tantos derechos, como la educación, la salud, la vivienda digna, el trabajo. Justicia será que tus padres y tantos y tantas como ellos, no tengan sobre la cabeza la daga de los decretos antimigrantes.
Justicia será que la Virgen Desatanudos ya no venda milagritos, sino que el pueblo se organice en cada territorio, que las mujeres nos organicemos en cada territorio, y que te nombremos Sabina todas las veces que sea necesario, en cada villa, en cada pueblo, en cada comunidad. Que no haya olvido, que no haya perdón, que no nos reconciliemos en cada elección.
Justicia, Sabina, será que las niñas bolivianas, peruanas, paraguayas, no se sientan extranjeras en las escuelas, en los barrios, en los modos de hablar y de reconocerse. Justicia será dibujar una sonrisa en el corazón de las niñas que jugaban con vos, las que como vos van a la asamblea poderosa, y sueñan ser fotógrafas, artistas, médicas, maestras. Justicia será que el sueño colectivo se realice por la fuerza y la necedad de las y los de abajo, de quienes caminamos con las heridas abiertas por las calles, de quienes te llevaremos Sabina en nuestros caminos desde ahora y en todas las luchas. Que las niñas como vos, vuelen alto, como el cóndor, y más alto, como las brujas de todos los tiempos.
En nuestros vuelos te encontraremos, y ahí caminaremos con vos, Sabina. Hasta la sonrisa de las niñas, hasta la urbanización de las villas, hasta la alfabetización de las madres, hasta la luz en las miradas, hasta las marchas multitudinarias por Ni Una Menos, hasta la memoria rebelde que nombra a las olvidadas, hasta la victoria, Sabina, siempre, en todas las esquinas de la historia.

Infancia/ "NOS MATARON A SABINA"




texto extraído de la Publicación en Facebook La Garganta Poderosa del día 15 de abril de 2019

Miren la foto, nada más.

Tenía once años. ¿Y ahora cómo se hace, cómo se hace para que no lean de corrido? Nada, nadie, ninguna estúpida oración de ningún absurdo posteo puede ponerlos de frente a sus ojitos chinitos, dulces, riojanitos. No la van a ver sonreír atrás de una cámara, ni correr detrás de una pelota, ni volver del almacén. No la verán volver. Quería estudiar más, más y más, soñaba ser artista y alfabetizar a sus papás. Tenía once años. Salió a comprar ají ayer cerca de las 19 y no volvió más, nunca más: a las 22.40, sus vecinas alumbraron al barrio Virgen Desatanudos con sus teléfonos y la encontraron tal como la dejó el Estado, golpeada y tirada en un descampado, totalmente abandonado por sus policías, sus luminarias, sus ambulancias y sus medios de comunicación, esos que ahora corren a buscar el morbo y la "conmoción". Tenía once años. Y entonces acá no estamos conmovidos, estamos partidas al medio, con los puños llenos de dolor, las gargantas llena de rabia y un cajón chiquitito que recibe juguetitos de colores, porque no hay lugar para flores, ni para tanto tierno alboroto, ni para descansar en paz.

Por favor,
miren la foto, nada más.

Infancia

Editorial

Hay ediciones que se hacen a flor de piel,
se construyen solas,
las palabras se arriman como en una ronda al fuego de lo que quema...

"Son textos necesarios que una vez escritos, lo roto puede volver a formar parte de uno mismo" me explica Martín

La propuesta era escribir sobre Infancia
Llevó su tiempo armarla, esperarla y poder decir.

Lo que aflora es similar a rascar una cascarita de una lastimadura
Es la señal de una herida
Es la necesidad de curarse
Es la potestad de poder decirlo

Y acá estamos, de grandes, sintiendo



NADA NUNCA A NADIE

Por: Martín Alanís*

La tarde caía y con ella arrastraba el cielo oscuro de la noche.

Era verano o primavera y el hombre -adulto, alto, moreno, de manos grandes- llevó al niño hasta el patio de su casa. Ahí, entre los helechos y jazmines, sucedió todo.

Mi historia

Por Mica Rodríguez*

Imágenes del abuso sexual infantil. Dejo la explicación en el pié de cada foto, estemos atentos a los niños, protejamos su infancia. Hoy hablo por aquellos que no tienen su propia voz pero algún día vamos a gritar juntos POR UNA INFANCIA SIN DOLOR. (No me digan que lo olvide, siempre está presente, lo escriba o no).

Un ángel para tu soledad

Por: Jimena Vera Psaró*

“- Esta es la caja. El cordero que quieres está adentro.
Pero me sorprendí mucho al ver que se iluminaba el rostro de mi joven juez:
- Es exactamente así que lo quería! ¿Crees que este cordero necesite mucha hierba?
- Por qué?
- Porque en casa es todo pequeño...
- Seguramente le alcanzará. Te di un cordero bien pequeño.
Inclinó la cabeza hacia el dibujo:
- No tan pequeño... Mira! Se durmió...
Y fue así como conocí al Principito”. 
                                  El Principito. Capítulo II. Antoine de Saint Exupery