Editorial: Lazos

Lazos en "El Jardín de las Delicias"
El Bosco. Tríptico cerrado (1500-1505). 
El cuadro cerrado en su parte exterior alude al tercer día de la creación del mundo. Se representa un globo terráqueo, con la Tierra dentro de una esfera transparente, símbolo, según Tolnay, de la fragilidad del universo, del cigoto de la creación. Solo hay formas vegetales y minerales, no hay animales ni personas. No hay lazos. Está pintado en tonos grises, blanco y negro, lo que se corresponde a un mundo sin el Sol ni la Luna.

El Bosco. Tríptico abierto (1500-1505).
Al abrirse, el tríptico presenta, en el panel izquierdo, una imagen del paraíso donde como Eva y Adán se recrea lo amoroso de la espera y el encuentro con la magia de la creación. El universo regalando una sonrisa estrelladaMirar la casa infinitamente generosa, como una línea de tiempo.

En el centro del cuadro se representa la locura desatada: el hombre interpela al mundo con un mecanismo de amor letal. Se apropia, lo explora, lo usa. Ha perdido la inocencia en un desgarrado tercer mundo.

Por último tenemos el panel de la derecha donde se representa un escenario apocalíptico. Como un desmonte. Seres aislados, con miedo e incertidumbres. Sometidos a la barbarie ignoran que la vida y el origen están a un paso.

"La estructura de la obra, en sí, también cuenta con un encuadre simbólico: al abrirse, realmente se cierra simbólicamente, porque en su contenido está el principio y el fin humano".*





*Párrafo extraído del análisis de la obra "El jardín de las delicias" en Wikipedia.


El desmonte

Escribe; Marta Clara


El desmonte quedaba a una hora Embarcación, por la ruta 34, pasando el Puente de Lata.  A ambos lados del camino de tierra, había campos sembrados con poroto y familias enteras trabajando en la cosecha.

En el campamento había dos tractores, dos casillas, cinco hombres.

Me quedé deslumbrada con el lugar. Cuando todos salieron a trabajar, el tiempo pasaba y el calor se hacía sentir. Yo prendía de a ratos la camioneta y el aire para refrescarme y escapar de los mosquitos y el dengue.

A eso de las nueve, vi pasar rápidamente a una mujer.

Pensé: "¿Qué hace una mujer en el campamento?. La llamo pero es esquiva. Me acerco y logro hablar con ella.

Es una chica joven y bajita. Se llama Lucrecia. Me cuenta que se encarga de la comida y de lavar la ropa de todos. Le digo que eso es como un trabajo, que quizás debería cobrar por eso. Además me dice que está con "el Viejo" que él se la robó de su casa hace dos años.

Noto que está embarazada.
- ¿Te controlás? ¿Fuiste al médico?
- No, hace dos meses que estoy aquí. No salgo porque tengo miedo.
- ¿A qué?
- A los gorilas...

La miro y le pregunto si fue a la escuela. Me responde que sí, hasta sexto grado.  Le pregunto si estudió el mapa de Salta, el clima, los animales. Me dice que sí. Entonces le digo que es imposible que haya gorilas en esta zona.

Le pregunto por su mamá: ¿dónde vive, la extrañás, tenés hermanos?

Lucrecia es muy tímida, me mira de reojo y es medio reticente. Su mamá vive a unas horas y si la extraña y hace tiempo que no sabe de ella.

Le digo que debería hacerse un control por su bebé, que cerca hay un asentamiento con mujeres para charlar si se aburre en el día.

Así pasaron varias horas, mientras Lucrecia preparaba el fuego para cocinarle a los hombres, yo le pedí que me caliente un poco de agua para hacerme una sopa instantánea y para el mate.

Antes de irme le pregunte si necesitaba algo y que podía mandárselo con mi marido. Ella me pidió hilo y aguja. Le recordé que cerca había otras mujeres.

Quedé consternada con la inocencia de Lucrecia. A los pocos días mi marido volvió al desmonte y le mandé un par de cosas además de lo que me pidió. Ella no estaba.

El Viejo le preguntó: -¿Qué le dijo su señora a la Lucrecia? Agarró sus cosas y se mandó a mudar a lo de su mamá.



*Marta Clara: Nació en Salta, vive y ama en La Rioja, Argentina. Escribe en libretas y cuadernos. Una vez quemó más de cien poemas



Freezer

Por: Jimena Vera Psaró


Guardaría una semilla,
un pedacito de vida a medias.
Algo susceptible de ser latido,
un hijo o una hija
del futuro frio de cigotos
congelados.
Que sea más resistente que este cuerpo,
que perdure a todos tus “no aún”,
“no es tiempo”,
“es complicado”…
Pero las cunas no se hacen de vidrio
y mueren de tristeza ante un niño
con frío.

En memoria de Plutarco Schaller


Te veo tan indefensamente niño,
en un desgarrado tercer mundo,
donde nadie erradica la miseria ni tu miedo,
y de tus medicinas, espigas y juguetes,
a los poderosos les importa un bledo.

Te veré con derecho al amor,
nacerás en vez de parirte,
pensarás en lugar de temblar,
los afanes, los sueños, los inmolados,
modelan la arcilla para esculpirte.


*Penal de La Plata, 1979 "Año Internacional del Niño". Poesía publicada en Tinkunaco del 81, en autoría con Angélica Soria. Plutarco nació en 1928. Fue fotograbador, fotógrafo y periodista del diario "El Independiente" de La Rioja, Argentina. Miembro fundador de Coopegraf. "Tinkunaco..." fue el primero de muchos libros editados.

La centenaria


Escribe: Marta Clara*


Fuiste una idea, un átomo
Una semilla
Que germinó en las manos de la abuela Pila
Y fuiste el Yeyo silbando
Fuiste parra y jazmines
Que brotaron sin rumbo
Y te fueron moldeando
Casi camaleónica, lúdica,
Serena, mágica
Alta, imponente, hermosa
Llena de anécdotas y escondites
Todos crecimos a tu lado
Mirarte es como una línea de tiempo
Como un mapa hacia el pasado
Sos el gran palto
De raíces gigantes, ramas protectoras
Infinitamente generosa
De frescura y sombra verde
De crujientes hojas en el patio otoñal
Sos el zaguán, el cantero
La galería, el escritorio
La cocina, los galpones
Si suena el timbre
Seguro corren los chicos
O ladran los perros
Sos en esencia
Un lugar sagrado
Con torres de sal y tardes de mate en el patio
Sos tantos secretos y noticias
Sos veladas de charlas con música
De piano, combinado o algún cd rayado
Son tantos los que pasaron
Esos que florecieron y marchitaron
Cantaron, soñaron, se fueron y volvieron
Y vos… siempre abrazando
Sos todo lo que sueña ser una casa
Sos ese lugar en el mundo
Donde siempre hay techo y comida
Gracias por tanto.



*Marta Clara: Nació en Salta, vive y ama en La Rioja. Escribe en libretas y cuadernos. Una vez quemó más de cien poemas

S/T

 Por: Leandro Gabilondo* 

Mis viejos nunca viajaron en avión. Mi hermano, mi hermana y yo sí. Los tres conocimos otros países, otras culturas; pero mis viejos no. Para ellos, viajar siempre fue algo inalcanzable, secundario, fuera de contexto. De hecho, mis únicas vacaciones en familia fueron en el verano de 1990. Pasamos unos días en Banco Pelay, Entre Ríos, en carpa. A ese viaje vinieron con nosotros La Grillo, Jorge y El Agu. Amigos de toda la vida. Tengo esos días en mi memoria con cierto aire mitológico, como si fuese el inicio de algo maravilloso. Quizás lo fue, quizás no, qué importa, yo lo siento así.

Hace un par de fines de semanas, tomando mate con mi vieja vi una foto donde El Agu, con una casaquita de Boca de piqué, nos abraza a mi hermano y a mí que lucíamos una igual, pero de River Plei. Los tres posando muy facheros en la playa entrerriana. Pato tenía ocho, El Agu cuatro y yo cinco. Éramos flaquitos raquíticos con una panza redonda y durísima, como si nos hubiésemos tragado una Tango. Según mi viejo, en esos días nos enseñó a nadar a los tres en las aguas del Uruguay. No sé si es verdad, pero me gusta pensar que sí. Tengo una imagen media nublada de la situación, no sé si porque él insiste que fue así o porque lo recuerdo posta. En esas fotos que están en una caja, en Arrecifes, también hay una de esos días donde mi vieja tiene una permanente muy cool, corte Tina Turner, y una malla entera rosa con rayas negras. Potra mal. Mi viejo, más blanco que Kafka en su foto carnet, con un físico impecable de jugador del Ascenso y un cortito azul Adidas. Están sonriendo, como queriendo evitar que les saquen la foto. Es una imagen hermosa, muy ellos en nuestra infancia. Cuestión que en Banco Pelay pasé mis únicas vacaciones familiares en treinta años, porque el mundo nos quedaba lejos, porque la prioridad de mis viejos era otra. Y es un flash darme cuenta con el tiempo que esa prioridad éramos nosotros. Asegurar lo básico, que no nos falte nada para que algún día, si así lo deseábamos, tengamos las herramientas para poder viajar solos, para ser personas autónomas, en todo sentido. Por ejemplo, desde primer grado nos mandaron a inglés particular. Nos taladraban la cabeza, era una obligación más, como la escuela, nos pedían por favor que no abandonemos, que hagamos el esfuerzo, que ellos iban a pagar lo que sea, pero que por favor no faltemos, que prestemos atención. Puede parecer una pavada, pero para mí es impresionante esa capacidad de protección intelectual sin hacernos sentir presión, siempre desde el cariño, desde el “no sean boludos, hagan caso, es por su bien”, seguido de un abrazo.

Ahí es donde encuentro un mecanismo de amor letal, una generosidad inabarcable que me genera admiración absoluta. Porque mi hermana con sólo diecisiete años ya pudo viajar, porque mi hermano pudo, porque yo también. Entonces, aguanten esas herramientas, porque cuando yo era un guachín rollingoso que se pasaba la siesta leyendo y les dije que iba a estudiar Letras, mis viejos en ningún momento me pusieron en duda. Ellos, a los que todo les costó tanto, nunca pensaron que la literatura era materia inerte de un sistema en el que hay que sobrevivir. Sólo me preguntaron si estaba convencido, contesté que sí y ya. Huevo y corazón. No se habla más. Vaya, deje la vida en lo que ama o vuelva a laburar de lo que pinte. Gracias a eso, si bien mi deuda y mi recelo con la academia me acompañará siempre, pude formar “el violento oficio de escribir” y desde los veintidós me gano la vida así.

A veces quemado, cansado, hinchado las pelotas de las nueve horas diarias frente a un Word, de los fines de semana en los que escribo freelo, pero con un orgullo y una felicidad enorme de laburar ininterrumpidamente para lograr la autonomía que mis viejos cranearon para mí y para mis hermanos, desde que tengo uso de razón. Por eso lo festejo, por eso no me permito pasarlo por alto. Después de ahorrar, después de hacer el sacrificio necesario, hoy tengo los pasajes para viajar unos veinte días a Manchester para visitar a un amigo y conocer a su hijo. Además, voy a conocer Edimburgo, Glasgow, Dublin, Cardiff y Londres.


Ahora que sólo restan unos días para que salga el avión, me conmueve, porque yo también muchas veces lo creí inalcanzable, yo también puse gran cantidad de prioridades por delante, pero fueron mis viejos los que más me insistieron para que me decida, para que me anime. Qué sé yo, a los que viajar les resulta una constante puede que lo consideren una melancolía absurda, incluso, una exageración; pero mis viejos nunca tuvieron pasaporte, nunca. A mí, cuando me lo entregaron, lo primero que se me vino a la cabeza fue pensar en ellos. Por eso fui y lo puse en una esquina de mi biblioteca. Hasta que me vaya, es ahí es donde siento que tiene que estar, porque aunque todavía tenga las hojas vacías, está escrito por todos los libros que leí en mi vida. Y si hay algo que tengo claro es que no conozco otra forma que se acerque más a la libertad que leer.


*Leandro Gabilondo nació en Arrecifes en 1985. Vivió y estudió en Rosario, pero desde 2007 vive en Capital Federal. Sus dos poemarios, Delivery con lluvia (2012) y Retiro (2013), fueron editados por Espiral Calipso. Con la misma editorial rosarina acaba de editar La pertenencia, el libro que lo hizo ingresar en el mundo de la prosa. Además, se lo puede leer en http://telojuroportuhamster.blogspot.com.ar/, donde publica sus poemas desde 2009.

Arrullo

Escribe: Mey Niederle*

Un día vino a mí, inesperadamente, un niño de desorbitados y redondos ojos llorones, dueño de unas rechonchas mejillas rosadas. Lo sostuve en mis brazos con la dulzura que su desesperación pedía. Pero también con la desesperación que mi alma tenía.

El sólo contacto de mi piel y la suya operaron un cambio en su voz. Abandonó el griterío para mirarme con mudo asombro. Tomé una de sus redondas manos y besé la punta de sus dedos. Mordí levemente con mis labios, cada uno de ellos. Él miraba sin pausa con sus pestañas rizadas hacia la luna. La oscuridad rodeaba nuestros cuerpos unidos por el abrazo de ambos y el silencio. Estiró su brazo y me devolvió la caricia suave y golpeteó con dulzura el borde de mi cara, me rasguñó suavemente el mentón. Buscó mis ojos con sabiduría, reconociendo la entrada a todos mis secretos.

Me miró con la certeza de entender por qué yo lo necesitaba, sin conocerlo, sin haberlo amado sino hasta ése preciso momento. Me reconoció como quién reconoce a un viejo amigo de la escuela. Comprendió la desesperada necesidad de darle a él lo que se le negaba y me lo agradecía.

Entendió que no sólo ése era el motivo de mis calladas palabras. Supo todo de mí. Y me regaló una sonrisa estrellada. Y yo dejé que se me volara el pecho como una adolescente enamorada, le dije adiós a las palabras anudadas y sin pensar más nad
a liberé al aire el persistente arrullo que mi pecho enclaustraba. Mirando todavía sus ojos alunados, le cante la historia de la estrella en camisón, le cante que era bueno, que era bello y que lo amaba. Que desde ese preciso momento mi corazón lo atesoraba, como aquel bebé que ya no lloraba y escuchaba sonriente mi único arrullo de madre negada.


*Mey Niederle: Nació en Salta. Es Lic. en Comunicación Social. Publicó en Familia y Cultura (suplemento del diario local) fue columnista de la revista El Emilio y otras publicaciones. Actualmente reside en Sanagasta, La Rioja, Argentina. Su blog es  http://espanta-pajaro.blogspot.com.ar/ . Se autodefine como Mujer- madre / mujer-danza /mujer-yogui.

Epigrama

De: Laura Wittner*
Ilustraciónhttp://bit.ly/1Umbn2h

Dijiste algo y entendí mal.
Los dos reímos:
yo de lo que entendí,
vos de que yo festejara
semejante cosa que habías dicho.
Como en la infancia,
fuimos felices por error.




*Laura Wittner nació en Buenos Aires en 1967. Es Licenciada en Letras. Trabaja como periodista y traductora. Publicó "Pintado sobre una jaula" (Grupo Editor Latinoamericano, 1985), "El pasillo del tren" (Ediciones Trompa de Falopo, 1996) y "Los cosacos" (Ediciones Del Diego, 1998). Este texto pertenece al libro "Las últimas mudanzas"  de Ediciones Vox, 2001.

Pesadilla

Microrrelato de Julio Ricardo Estefan
foto de Nikolay Tikhomirov 

DESDE QUE TENGO MEMORIA, esta maldita pesadilla me atormenta. He probado de todo tratando de evitarla, pero nada resulta. Creo que la única posibilidad que tengo de liberarme de ella es despertar de algún modo a la mujer que me sueña.


*Julio Ricardo Estefan. 1963, Córdoba, Argentina. Desde 1981 vive en Tucumán. Es Bachiller Universitario en Física y Analista de Sistemas. Se desempeña como docente en la Universidad de Tucumán. Este texto está publicado en el libro "La torre de papel y otros microrrelatos" de Colección Narrativa Breve. La aguja de Buffon ediciones. 2013.