Epigrama

De: Laura Wittner*
Ilustraciónhttp://bit.ly/1Umbn2h

Dijiste algo y entendí mal.
Los dos reímos:
yo de lo que entendí,
vos de que yo festejara
semejante cosa que habías dicho.
Como en la infancia,
fuimos felices por error.




*Laura Wittner nació en Buenos Aires en 1967. Es Licenciada en Letras. Trabaja como periodista y traductora. Publicó "Pintado sobre una jaula" (Grupo Editor Latinoamericano, 1985), "El pasillo del tren" (Ediciones Trompa de Falopo, 1996) y "Los cosacos" (Ediciones Del Diego, 1998). Este texto pertenece al libro "Las últimas mudanzas"  de Ediciones Vox, 2001.

Pesadilla

Microrrelato de Julio Ricardo Estefan
foto de Nikolay Tikhomirov 

DESDE QUE TENGO MEMORIA, esta maldita pesadilla me atormenta. He probado de todo tratando de evitarla, pero nada resulta. Creo que la única posibilidad que tengo de liberarme de ella es despertar de algún modo a la mujer que me sueña.


*Julio Ricardo Estefan. 1963, Córdoba, Argentina. Desde 1981 vive en Tucumán. Es Bachiller Universitario en Física y Analista de Sistemas. Se desempeña como docente en la Universidad de Tucumán. Este texto está publicado en el libro "La torre de papel y otros microrrelatos" de Colección Narrativa Breve. La aguja de Buffon ediciones. 2013.

a este aguacero lo llamaré lágrimas

Por: Alfredo Luna

yo sólo quería un amor insolente como el tuyo,un dios a imagen y semejanzade las torpes ramas del cielo,un amigo a la medida de mi soledad y mi deseo,a la medida de la distancia que se acerca.

pero no, en la siniestra confusión de la lenguavenía la palabra hachando el mundo;la ardiente llaga de la locuravenía fraguando la hostia del perdón.

yo quería un amor perverso
que tragase la vergüenza de mi desnudez;
yo quería un ángel, como Tú,
para perder mi nombre en el túnel de tu abrazo.

en medio de la luz muda, 
la muerte anda suelta para no dejarme solo.

¿quién te castiga, Dios?   ¿quién te castiga?



Alfredo Luna. Nació en San Fernando del Valle de Catamarca, Argentina, 1953. Esta poesía está publicada en su libro "Vigilia hereje" de Ed. Último Reino, 2013. 

Van a por nosotros*

recorte de fotografía de Mina Sarenac, proyecto "Antigravity"


Límpiate los dientes, lávate los pies, cósete el jersey, píntate las uñas,
cámbiate las pilas, cómete los mocos, bébete la espuma, cásate con ella,
cásate con ella, cásate con ella, toma precauciones, piensa en tu futuro.
Van a por nosotros.

Las hordas internacionales de madres y delegados y funcionarios y
chinchillas y hurones moralistas que desean llevarte, cogidito de la mano a
la jubilación.

Bébete el jarabe, cómprate un buen coche, deja de fumar, no juegues a
eso, cambia de trabajo, mejora tu imagen, vete a por las gambas, cósete
la manga, cósete la manga, cósete la manga, rézale a la imagen. Van a por
nosotros.

Con sus pies de rey y sus escuadras y sus reglas y sus compases y sus
trajes de domingo.

Péinate los pelos, límpia tus zapatos, huele a gasolina, di que sí a tu jefe,
mira las noticias, no duermas la siesta, deja esa sonrisa, siéntete culpable,
acábate la sopa, acábate la sopa, acábate la sopa, hazte responsable. Van
a por nosotros.

Se acabó la juventud. Basta de holgazanear. Hay que concienciarse. Viva el
Complejo de Edipo. Yo tengo la culpa.

Paga tus facturas, traje con chaleco, duerme con pijama, santifica el lunes,
funda una familia, por qué no adelgazas, vaya facha traes, lávate las
manos, píntate los labios, por qué dices eso, por qué dices eso, por qué
dices eso, todo está ya escrito. Van a por nosotros.

Edison y Washington y Einstein y Freud y Hitler y Kennedy y Newton y Sergio y Estibaliz y Copernico y Von Braum y don Santiago Ramón y Cajal. Van a por nosotros.

Por nuestros pecados.                Por nuestros pecados.
Por nuestros pecados.                Por nuestros pecados.
                                     Van a por nosotros.

     Cada año más cerca.
     Cada día más claro.
     Cada sorbo más dulce.
     Cada recuerdo más lejos.

Van a por nosotros, Van a por nosotros.
Van a por nosotros, van a por nosotros,
a por nosotros todos.


*Dúo catalán Accidents Polipoétics
Fuente: http://bit.ly/1U0m9HO

Seamos libres, lo demás no importa nada

Escribe: Jimena Vera Psaró


A la memoria de Jorge Money
Presente!

Un día antes de su desaparición, Jorge Alberto Money le entregó una carpeta con poemas a su amigo Alberto Szpunberg. Sin saber lo relevante de esas únicas copias tipeadas a máquina y que pronto esas manos serían silenciadas. La acción de compartir estos papeles que los unía en su pasión por leer y escribir, salvaron del olvido a esas letras como un testimonio tan potente que a más de 40 años siguen estremeciendo.

El 16 de mayo de 1975 Jorge había ido a almorzar con sus padres y desde allí salió para trabajar en el Ministerio de Economía. Nunca llegó. En ese tiempo “desparecer” era una situación arbitraria para cualquier argentino. Era un plan sistemático de anular personas, y los 29 años de Jorge representaban una amenaza al ejercicio del horror.
Manés, su esposa, llamó el 17 al amigo, preocupada porque Jorge no había vuelto a la casa desde la noche anterior. Allí lo esperaban su hija de tres años y Matías, el niño a quien fue dirigido uno de esos últimos poemas.

El 19 de mayo se confirmó el peor final del secuestro: murió acribillado en unas piletas públicas cerca de Ezeiza, con las manos atadas con alambre. Había estado detenido clandestinamente y había sido torturado.

Pero Alberto, recordó la carpeta, la abrió y encontró mecanografiada la poesía que recreaba el contorno de Manés embarazada: “En la exacta mitad de tu ombligo” fue el título con la que años después (2009) se publicó por la Editorial Libros de la Talita Dorada.

“Extraña mezcla de economista y poeta, casado 29 años y una hija de 3, Jorge Money trabajaba en La Opinión. Pero él y nosotros nos reíamos porque no creíamos en la gloria del papel prensa. Apostábamos a otros papeles, como los que una semana antes que todo esto ocurriera, Jorge me había dado en una carpeta. Eran poemas.Los compañeros empezamos a movilizarnos, pero nadie sabía nada.El 19 de mayo de 1975, en un descampado cercano a las piletas de Ezeiza, Jorge Money apareció acribillado. Tenía las manos atadas con alambre.La triple A lo había asesinado". (Alberto Szpunberg)
¿Cómo será la pesadilla del verdugo que fusila a alguien con las manos atadas? La memoria libera las manos y reproduce el tipeo en su máquina de escribir por cientos de voces, miles. Y con esa contundencia para definirse inscribió cada palabra a Manés, como un manifiesto a la Libertad, que así entendida, lo es todo…

Jorge Money escribía en otras líneas de su poesía: "No hay maravilla más grande que la luz venciendo a las tinieblas. Lo que importa realmente, es la vida. Aunque parezca absurdo, yo moriré por ella". Y su propio epílogo fue semilla viva que se hizo fecunda en sus pares, compañeros y descendencia. Su obra inédita trascendió a la muerte.

Inolvidable y fuerte. Cada vez que quiero recordar el significado profundo de la libertad leo su poesía.

“Cada vez que abro esa carpeta, él insiste en la locura de vivir. Y vive”. Alberto Szpunberg




Atiende:
si mi hijo
si nuestro hijo
fuera naciera sol o
luna homosexual poeta
o guerrillero ah si creciera
guerrillero o usurero al tanto %
o asesino oficinista vendedor de
peines en el subte o suicida flor
o cardo violador de tumbas o impasible
espectador del mundo comprensible padre de
familia actor de cine Rita Hayworth Tyrone Power
sacerdote verdugo militar terrorista puta carcelero
en la exacta mitad de tu ombligo te explico Manés que
si nuestro hijo recoge la bandera que dejamos o por
el contrario un ejemplo la olvida la traiciona la
veja la vende a razonable precio entendeme
si nuestro hijo mañana es muerto por ir más
allá de donde fuimos o por menos o por
error o por justicia o por lo que sea si
los muertos somos nosotros vos o yo o los
dos y él quien nos fusila de todos
modos Manés habremos ganado
porque la libertad es lo único que
debemos legarles a los demás
compañera amiga mía
no tiene mayor
relevancia.



*El título de esta nota es una frase de José de San Martín, en una carta de 1819 como arenga al ejército del Norte para contrarrestar el avance de las tropas realistas, mientras definía las estrategias para liberar América.

Quimera

Por Juan Manuel Zuluaga Robledo

Foto de Nikolay Tikhomirov


Sí, tenía sueño, mucho sueño. Sólo caminaba por inercia en medio del planisferio de cristal y hormigón, construido a base de puentes y estructuras de mampostería asfáltica que rozaban las nubes contaminadas. En las afueras de la estructura descomunal, Juan Siembra deambulaba con desaliento y se encontraba aturdido por el sueño.

¿Cómo explicar sus pasos de sonámbulo a través de la acera adyacente a la catástrofe urbanística, muy cerca del balón hermético de cristal, la famosa burbuja de vidrio reforzado que dividía las periferias pobres del barrio aséptico de los ricos? Su construcción le dio la vuelta al mundo: los noticieros nacionales e internacionales repitieron la inauguración oficial hasta la saciedad. Reporteros sensacionalistas transmitían en directos las imágenes de segregación en la que los pelotones del ejército, portando sus uniformes escarlatas, agredían a la muchedumbre enardecida que intentaba colarse por la fuerza en el interior de la burbuja.    

De eso ya había transcurrido una década. Siembra siempre se consideraba afectado por el clima caótico y discriminatorio en que se sumía Heaveland City.  Ahora pensaba que había llegado el momento oportuno para pensar, reflexionar y derribar mentalmente los problemas impuestos por el establecimiento.  

“Durante mucho tiempo he sido un autómata…un ser que anda a la deriva por el mundo, que ni siquiera tiene tiempo para observar lo que lo rodea”, reflexionó.  

Últimamente las imágenes de la vida, pasaban imperceptibles por su mente, casi sin procesarlas, tal como las fotografías que componen una película poco memorable. ”No más sueño, nada de vigilia ¡Abajo el Status Quo! No hay nada mejor que caminar…y observar la mierda en la que vivimos” pensó Siembra de manera desaforada.

Después de un largo semestre de dedicación y estudio, trasnocho y café para mantenerse en vela, era hora precisa para buscar trabajo. Era el momento clave para pensar en serio su vida, sin descuidar sus trabajos nocturnos de arquitectura que terminaba cuando empezaba el amanecer.

Había sido un semestre de muchas contrariedades económicas y desengaños amorosos. Pero no todo fue negativo: obtuvo la única beca auspiciada por la Facultad Pública de Arquitectura, entre una rebatiña de estudiantes superdotados y pobres que nunca serían contratados por las grandes firmas de construcción de la ciudad, pues siempre optaban por profesionales formados en las mejores familias o peritos educados en las mejores universidades de Heavenland Country.    

Juan Siembra se sentía en deuda con sus ambiciones, sueños y quimeras. Después de la muerte de su padre, quería sacar adelante a su familia compuesta por su madre y sus veinte hermanos menores, todos ellos sietemesinos. Por eso peregrinaba en búsqueda de un trabajo veraniego que le permitiera cumplir con su obligación.

Sus sueños también obedecían a un deseo altruista por ayudar a su comunidad. Por eso todas las noches trabaja en los planos de construcción de un ágora de guadua en el que se discutieran temas literarios, erigido en las copas inmensas de las ceibas milenarias cuya longitud alcanzaba los 300 metros de altura en el Parque de la Ensoñación.   

Siembra siempre habría querido derribar los muros de cristal de su ciudad, superpoblada, fraccionada, inconclusa y siempre con fatales problemas de planeación urbana, desatados por la infame burbuja de cristal. Heavenland City era una población edificada en los famosos llanos de color púrpura donde ríos y afluentes semejaban hilos de oro, como el plástico que utilizan los expertos en bisutería. Las sabaletas y los peces de colores sobrevivían en el marrón sucio de los ríos, engañando con maestría a la polución cobriza de las aguas.
Era una población que estigmatizaba a los desterrados provenientes de los cuatro puntos cardinales de la tierra púrpura que había adquirido ese color por los continuos derramamientos de sangre de labriegos que habitaban las afueras de la ciudad. 


Juan llegó a los límites de cristal reforzado y gritó con toda la fueraza que le permitieran sus pulmones:

-Soy un bicho raro pero importa un bledo lo que piensen los demás.  

En ese instante se encontraba desvariando en una maraña de buhoneros y compradores populares que pintaban graffitis en el vidrio.  Después caminó por los barrios deprimidos adyacentes a la frontera vigilada por guardias y francotiradores, entró a un bar de mala muerte concurrido por proxenetas, prostitutas, pandilleros y enanos deformes que ejecutaban malabares a cambio de algunas monedas. Un aviso al lado del mostrador anunciaba vacantes para mesero en la temporada de vacaciones.

Al conocer el salario, comprendió que le alcanzaría para cubrir una gran porción de los gastos doméstico y fue en busca del dueño del lugar, un hombre calvo, de aspecto desagradable y movimientos torpes y lentos. Su cuerpo estaba colmado de verrugas grandes y siempre portaba un sable de platino en la mano derecha con el fin de ahuyentar a posibles atracadores.

-¿Cuál es su nombre? –preguntó el hombre

-Juan Siembra-respondió el muchacho

- Sepa y entienda que aquí se viene a trabajar…aquí no queremos vagos. No se meta con mis niñas y aparte de su salario, le prometo buenas propinas.

Después de llegar a un acuerdo, el sujeto estrechó su mano con la complicidad de una sonrisa socarrona. La boca del propietario emitió un sonido gutural y con una gangosa, le indicó que lo esperaba el lunes siguiente

Salió feliz y risueño del antro. Caminó sin tregua por las calles de asfalto, fragmentadas en sucesivas bifurcaciones de pavimento que cubrían todos los barrios exteriores a la hermética burbuja de cristal, mientras detallaba los contrastes sociales. Desde la zona marginal observa la avenida de primera mundo, atestada de edificios enormes y computarizados. Miraba las fachadas con espejos policromados, apiñados unos con otros, haciendo alarde de sus férreos sistemas de seguridad. Entonces Juan observó un grupo de niños desarrapados que ejecutaban malabares mortales con fuego. Lo hacían ante la mirada impávida de los soldados escarlatas, preparados con sus fusiles para agredir y golpear cuando lo consideraran necesario.

 A lado de los malabaristas, la madres cimarronas cargaban a sus bebes y pedían limosnas  los carros lujosos y blindados que accedían al planisferio. Era un panorama devastador. Los privilegiados conducían sus autos último modelo. Escuchaban sus radios de plutonio que lanzaban por el aire las notas electrónicas, mientras ignoraban la miseria circundante agolpada en las entradas de acceso a la burbuja. Antes de levantar la estructura, los ingenieros civiles diseñaron la Y, nombre que recibieron las vías de acceso de la esfera de cristal, por su parecido a ésta letra del abecedario.

Ricardo todavía caminaba sin rumbo fijo y sentía asco de su propia transpiración.  Accedía por los segmentos de brea y asfalto, fluidos de contaminación donde los lujosos carros franceses disputaban, en cada segundo, el primer lugar para entrar al barrio de la elite.

Los colonos instauraron Heavenland tres centurias después de la irrupción de las tres carabelas en las sabrosas aguas del Caribe. Causó gran admiración por su diseño urbanístico y sus revolucionarios senderos de piedra barnizada. En el presente, los saqueadores destruían el pavimento, hurgaban bien las capas de tierra y robaban las piedras resplandecientes que componían las viejas vías. Las vendían con el beneplácito corrupto de los políticos locales, a viejas dinastías asiáticas y a los mercaderes arqueológicos de los Países Bajos.  

Siembra fijó la vista en los actores del latrocinio, abriendo boquetes con palas, taladros y toda suerte de instrumentos para socavar la superficie asfáltica.

De repente, Juan atisbó una pequeña obra de arte que lo dejó atónito. Era una mujer joven, común y corriente que conducía un pequeño carro rojo. Mientras esperaba que el semáforo diera la señal de partida para acceder a la esfera, meneaba la cabeza al son de la música estridente. Sus manos nerviosas se encontraban aferradas con fuerza a la cabrilla y los bucles castaños, le colgaban graciosamente por los hombros. Siembra no dejaba de mirarla, hermosa entre un parabrisas empañado por la lluvia. Quería hablar, entrar en contacto con ella, lo cual era imposible porque no era permitido por las autoridades. Con tan saludarla y saber su nombre quedaría contenta. Pero debía hacerlo rápido y ganarle una carrera al tiempo, ya que el semáforo se tornaría en rojo en cuestión de segundos. No importaba que los soldados los lo detuviera…valía la pena correr el riesgo por la muchacha. Juan no dejaba de mirarla, sin importándole que  la lluvia y el pantano le estropearan la ropa. Observar, mirar, maravillarse por el porte de la muchacha, aunque el tiempo fuera corto, pues la mujer ya se encontraba accediendo a la portería.  

Súbitamente, tiempo, lluvia y granizo, se quedaron paralizados en el aire. Automóviles, polución y ruidos tuvieron el mismo efecto. Todo movimiento, sin excepción alguna, se quedó estático y el chaparrón asumió el papel de agua cristalizada. Sólo dos cuerpos quedaron al margen de la parálisis que entorpecía la vida. La muchacha se bajó del carro, detalló al joven que todavía la miraba atónito. Uno de los faroles del semáforo ya era amarillo. Se dejó ir hasta quedar frente a frente a Siembra, que no comprendía la situación. Acercó sus labios y estos se plegaron en la parte superior de la boca del estudiante que temblaba entre una combinación de escalofríos y emoción. Juan no sabía qué hacer, ni qué decir y pensar. El tiempo comenzó a fulminarse, la vida siguió su curso natural y la polución se transformó en estelas de aire fétido.
El atrevimiento quedó en medio camino, cuando la emisaria del beso furtivo, lo dejó en media calle, sólo y mojado por una tormenta torrencial.

La luz  del semáforo se mimetizó en verde...

El letargo duró una noche y el olor rancio de la cañada desbarató los desvaríos oníricos de Juan Siembra. El péndulo del reloj seguía el mismo movimiento periódico de siempre: segunderos y minuteros anunciaban las 4 de la mañana. Entonces una voz maternal le indicó que el desayuno estaba servido en una butaca de la cocina. El hombre comprendió que los hechos ocurridos esa noche eran ficticios, que era imposible lo sucedido, que un beso, en esas circunstancias, era puro sortilegio. “Las trampas de los sueños, las trampas de lo marginalmente establecido” –adivinó Juan Siembra, mientras sus ojos se acostumbraban a luz de la cocina. Advirtió que su peregrinar por el orbe de cristal no podía ser cierto y su viaje nocturno parecía más bien un recuerdo de cinema.

De nuevo, la voz maternal se hizo sentir, advirtiéndole que un sujeto calvo y verrugoso lo estaría esperando en un establecimiento público, a las de 6 de la mañana.


--

*Juan Manuel Zuluaga Robledo es comunicador social y periodista colombiano de la Universidad Pontificia Bolivariana, y Magíster en Ciencias Políticas de la misma universidad. Obtuvo una Maestría en Arte y Literatura por Illinois State University. Actualmente cursa un doctorado en Literatura Latinoamericana en University of Missouri. Trabajó como periodista en Vivir en El Poblado en la ciudad de Medellín y dirige la publicación literaria www.revistacronopio.com

El simulacro: todo un evento virtual

Por Evelyn Zárate Henao*
Corso a contramano, dibujo de Alberto Klix.



«En efecto, de aquí resulta que esta producción artística de metáforas con la que comienza en nosotros toda percepción, supone ya esas formas y, por lo tanto, se realizará en ellas; sólo por la sólida persistencia de esas formas primigenias resulta posible explicar el que más tarde haya podido construirse sobre las metáforas mismas el edificio de los conceptos. Este edificio es, efectivamente, una imitación, sobre la base de las metáforas, de las relaciones de espacio, tiempo y número.»
Nietzsche: La filosofía narrativa de la mentira, la metáfora y el simulacro.

El simulacro explicado desde Deleuze es un evento virtual que permite la comparación de una copia y un modelo al cual la copia le es fiel en base a la representación, esta última tiene lugar por las semejanzas y diferencias. Deleuze sostiene que esta diferencia "Es siempre en relación a una identidad concebida, a una analogía juzgada, a una oposición imaginada, a una semejanza percibida, como la diferencia se convierte en objeto de representación" (Martínez, 1987, p. 198).

Un simulacro puede ser entendido como un respiro de la vida, un escape de la rutina, un escape de lo que  daña y es tóxico, es algo que se da en situaciones extremas.

Jean Baudrillard propone en base a las metáforas de Borges que la sucesión de simulacros va a sobrepasar la realidad así comenzando a preceder cualquier acontecimiento, dando lugar a la hiperrealidad, en la cual no se va a poder distinguir entre la realidad y la fantasía.

"¿No se señala con ello el punto en el que la identidad del modelo y la semejanza de las copias son errores, y lo mismo y lo semejante, ilusiones nacidas del funcionamiento del simulacro?" (DR p.218).

Como seres sociales por naturaleza tendemos a estar bajo la presión de nuestros semejantes con frecuencia y tendemos a imitar algunas, si no muchas de sus formas y costumbres. Esta  representación a la que nos sometemos constantemente puede ir desde querer ser como nuestros modelos a seguir al estudiar una carrera o vestirse de cierta manera, hasta la imitación de actitudes e incluso vicios propios del medio en que nos movemos,  buscando así no solo una aceptación social si no también la aprobación de quienes creemos de alguna manera superiores a nosotros y evitando del mismo modo el rechazo de quienes nos juzgan constantemente.
Muchas veces tendemos a la hiperrealidad cuando dejamos que la angustia y las preocupaciones gobiernen nuestros actos y pensamientos a futuro, poniéndonos trabas en el camino por anticiparnos a lo que puede pasar. Por otro lado caemos en la representación cuando intentamos imitar aquello que la sociedad impone, porque si bien el ser humano es un animal de imitación e impulsos, por la coacción de sus semejantes tiende a hacer cosas que más que adaptativas (como lo dicta el instinto) son autoopresivas para satisfacer la presión social. Así se pierde la originalidad y variabilidad entre semejantes y las personas se convierten en pseudo títeres idénticos.

--
*Evelyn Zárate Henao es estudiante de segundo semestre en la Facultad de Medicina de la Universidad de El Bosque, en Bogotá, Colombia.


El Peaje

Escribe: Ignacio Romero



cuando vuelvo del trabajo por circunvalación
tomo la salida a calle Mendoza
pago el peaje.
gastón ezequiel levanta el pulgar
y yo
le doy uno de 50.
La tarifa no es fija
en las fiestas o
cuando hay que comprar
una garrafa,
sube a 100.
El semáforo
que también podría ser
la barrera
suele demorar.
entonces
él se sienta en el balde y me cuenta
que el día estuvo flojo,
que no pasaron muchos autos
que los remedios aumentaron.
gaston ezequiel es epiléptico,
a veces aparece
con la cara rasguñada
“me agarró en la calle” aclara señalando
la lastimadura.
después me pregunta y yo le cuento
que tampoco hubo muchos clientes,
que estoy cansado.
el semáforo se pone en amarillo
nos decimos “hasta mañana”,
arranco pero
los dos nos quedamos
pensando lo mismo,
¿por qué él está sentado
en un balde de plástico,
y yo
en una butaca de cuero?
no somos tan diferentes
Es suerte,
suerte y nada más
por eso pago el peaje.

Poesía sin fin (diría Jodorowsky)

Escribe: Marta Clara 
foto de Nikolay Tikhomirov
Llueve aquí y allá
Aquí caen preguntas
Flotan respuestas
Se mojan los monólogos y las frases sueltas
Allá todo es fiesta
Que se desliza por los rincones, por cada piedra, pétalo y grieta
Aquí huele a libros
Y se leen sahumerios
Marzo estas de vuelta
Mientras caen las preguntas y flotan las respuestas
Perfecta armonía
Aquí adentro y allá afuera.


foto de Nikolay Tikhomirov
Tenue brisa de madrugada 
se proyecta en la casa 
resonando en mis huesos
aturdiendo al silencio 
Ecos de tu voz 
infiltran mi alma
se multiplican en mis pensamientos 
fractales de tu mirada 
Te extraño; extraño.



Marta Clara: Nació en Salta, vive y ama en La Rioja. Escribe en libretas y cuadernos. Una vez quemó más de cien poemas. Esta es la primera vez que publica. 


"El fotógrafo ruso Nikolay Tikhomirov es el creador de estas poéticas fotografías en donde vemos escenarios surreales protagonizados por hermosas mujeres que desafían la gravedad y las vemos flotando en el aire, mientras todo a su alrededor se mantiene un su lugar". Fuente: http://bit.ly/1szqVFx